martes, 30 de mayo de 2017

RadioBlog (Episodio2)

Ya está a vuestra disposición el 2º Episodio de RadioBlog

En este 2º episodio contamos con la presencia del periodista deportivo Fernando Murciego, actualmente comentando y narrando para Eurosport el prestigioso torneo de tenis Roland Garros, que comparte con nosotros sus experiencias y su vasto conocimiento del mundo del tenis.

Además, Viajes, Cine, Tendencias, Ocio, Literatura,…y mucho más.

Os esperamos en el 2º Episodio de RadioBlog

 


En Cierto Modo

En cierto modo, preparo un futuro contigo.

Agrupo recuerdos, retiro asperezas, destierro los celos.

Adoso esperanzas, cemento deseos, comparo visiones, suavizo las crisis, disculpo momentos.

Retiras el velo, expones tus besos, erizas cabellos, confías en exceso, esperas lo bueno

 

En cierto modo, preparo un futuro contigo

Ignoro los riesgos, aplaco extremismos, perfilo los sueños, destaco lo bello, me rindo a tus senos

Olvidas las dudas, aparcas tu lucha, adoptas un niño, bautizas proyecto

Arriesgas respeto, afilas tu risa, atrapas deseos, respetas lo opuesto, navegas en vilo

 

En cierto modo, preparo un futuro contigo

Disuelvo mi yo, derrites tu yo, inventamos equipo, creamos un dúo, fraguamos pareja, iniciamos fusión

Te presto mis dudas, importo tus mimos, reclamas caricias, te palpo con miedo

Ya es el futuro, el futuro diario, el que nos envuelve, el que nos hiere, el que nos protege, el que nos mata.

 

 


domingo, 28 de mayo de 2017

El Coach

Tengo un pequeño reservado en el garito que frecuento con periodicidad más bien irregular. No me lo he ganado por solera, ni por experiencia, ni mucho menos por el dinero que pudiera llegar a dilapidar en copas. Creo que me lo han concedido porque tienen un repertorio de clientes en el que abundan ese tipo de perfiles, y me necesitan para ampliar el target de oportunidades comerciales, ya que represento un estamento sociológico de escasa representatividad, pero de alta influencia.

Desde ese metafórico púlpito imparto lecciones de vida. De experiencias vitales, debería decir, porque la vida es algo mucho más complejo que el sumatorio aritmético de experiencias. Este es el tipo de cosas que transmito desde mi reservado, y probablemente la razón por la que he precisado implantar un complejo sistema de citaciones online. Siempre he sido partidario de la acción espontánea de solicitar un consejo en un momento puntual, para una duda puntual, pero el devenir de los tiempos me ha hecho ver que las personas andamos por la vida con una cierta desorientación general, y nos hemos acostumbrado a trasladarnos de un lugar a otro con indicaciones fragmentadas, como los navegadores de los automóviles: “En la rotonda coja la segunda salida” “En cien metros tome el desvío a la derecha” Y en realidad, lo que necesitamos son una serie de indicaciones generales que nos permitan afrontar las pequeñas o grandes variaciones de los momentum a las que todos nos enfrentamos a diario.

Seguramente os preguntaréis cuál es la titulación que avala mi capacidad para impartir este tipo de enseñanzas, qué Master he podido realizar y en qué Universidades he puesto en práctica mi magisterio. Con mucho gusto os lo aclaro. Soy Licenciado en Filología Normanda por la Universidad de Chesterton, modalidad teleformación. Los cursos de doctorado los he realizado en el Colegio Universitario de Andorra, adscrito a una Universidad Privada de la Seo De Urgel, en concreto a la Facultad de Veterinaria.

Como veis, mi formación podría avalar holgadamente la actividad que realizo, pero no quisiera abrumarles a ustedes con títulos, porque en realidad eso solo dice lo que sé, no lo que soy. Y es en ese ámbito en el que quisiera situarles. Soy un coach. Es decir, me dedico profesionalmente a ayudarle a vd. a ser más feliz en su trabajo, en su vida, en su matrimonio, en sus clases de salsa, en sus torneos de padel.

Y puedo hacerlo, no solo por mi evidente superioridad curricular, sino por la extraordinaria claridad con la que puedo arrojarle luz sobre todos esos temas, porque en realidad, USTED PUEDE LLEGAR A SER FELIZ Y SOLO DEPENDE DE USTED.

Lo que curiosamente haría inútiles mis servicios, al menos sobre el papel. En cambio, mi reservado del garito tiene una lista de espera de 90 días naturales. He tenido que contratar a un Vigilante de Seguridad con el título oficial de Portero de Discoteca, para poder evitar que las estupendas personas que quieren recibir mis consejos se aglomeren en demasía. Y tampoco me ha costado nada, porque se trata de una de las personas que me pidió consejo para ser feliz, porque no lo era. La rígida concepción de las normas sociales actuales le tenían costreñido, sin posibilidad de expresar sus verdaderas habilidades, sus deseos, sus aficiones. De hecho, el pobre acudió a mí en un momento de severas contradicciones morales, que incluso le habían llevado a la cárcel unos meses, por el mero hecho de abrirle la cabeza a un colega del barrio con una botella de litro de Cerveza El Aguila.

Llegó a mí desvalido, desorientado, sin reservas de fuerza emocional. De la otra sí que le quedaba. Fue necesario trabajar con él la sublimación de sus instintos naturales, los que ocasionalmente le daban algún problemilla, para trasladar esa agresividad a actividades donde resultase aceptada y provechosa. En nuestras sesiones del reservado pude enfocar el problema. El no era violento intrínsecamente, simplemente estaba inadaptado a la sociedad porque no se acababa de aceptar a sí mismo. Me costó mucho que pronunciara en voz alta sus cualidades, sus virtudes, porque tenía una visión muy negativa de sí mismo. El mismo día que bramó a voz en grito “Soy un pedazo de bestia”, sin pausa entre las repeticiones, supe que teníamos media batalla ganada. Le convencí de que estudiara para el examen oficial de Portero de Discoteca, o que en su defecto sublimara sus virtudes amenazando al examinador, y algo de eso debió de dar resultado, porque tenemos el título en un marco de plata de ley, presidiendo los límites del reservado.

De esta manera, hemos conseguido que él sea feliz. Se ha perdonado a sí mismo, se quiere mucho más y ha cogido las riendas de su vida. Ha dado con la clave de la felicidad, y ahora exhibe sus síntomas con todos y cada uno de los visitantes que pretenden eludir el control de cita previa online que tenemos establecido. En primer lugar, les muestra su carnet profesional, réplica a menor escala de ese título enmarcado. Si el visitante no se deja atemorizar por el carnet, lo que ocurre con cierta frecuencia, exhibe sus virtudes profesionales, en una escalar que tenemos previamente pactada, la del 20%. Puede empezar al 60%, menos no es eficaz, lo tenemos comprobado. Y hemos acordado que entre el 60 y el 80% debe ser suficiente para la mayoría de los casos. Porque la vida, desgraciadamente, no nos da carta blanca absoluta, y él lo sabe porque lo hemos trabajado en nuestras sesiones.

Estos mismos consejos son los que proporciono a nuestros clientes. Y, a diferencia de los desaprensivos que se exhiben en esos Congresos Profesionales, en esas tertulias mediáticas, yo no cobro. Quiero decir que mis clientes no desembolsan dinero por mis consejos. Se los proporciono gratuitamente. “Perdónate a ti mismo” “Quiérete mejor” “Coge las riendas de tu vida” Solo en el caso de que el propio visitante entienda que necesita alguna aclaración adicional, es cuando le recomiendo que no olvide esos consejos y que los grabe en una página. O que adquiera uno de los ejemplares en los que yo lo he hecho por él, para evitarle molestias, al módico precio de 25€ ejemplar. Cubrir los gastos, sin más.

Se lo que me van a decir. Que es increíble que estos consejos y enseñanzas no hubiesen llegado antes a nosotros. Coincido con ustedes. Pero recuerden que estuve muy ocupado estudiando Filología Normanda, los Master y los cursos de Doctorado. La felicidad ha llegado, tarde, pero para quedarse. Y por sólo 25€.


martes, 23 de mayo de 2017

A Tu Encuentro

Volvía por el camino arcilloso que linda con el riachuelo, recogiendo una de cada dos florecillas silvestres, a modo de botín tras la batalla, para colocarlo justo a tus pies en nuestro reencuentro.

Volvía sin prisa, a sabiendas de que me aguardabas inquieta, con el único objetivo de aumentar el deseo de verte, de hacer que ese regreso cotidiano al final de la jornada, ascendiera a la categoría de suprema experiencia emocional.

Y tú lo sabías, lo veía en tu expresión al recibirme, con esa mezcla de alborozo y reproche, como se mira a un chiquillo travieso, a punto de romper la armónica colocación de platos, vajillas y muebles, al jugar con la pelota.

Lo sabías como siempre, como sabes que lo nuestro no puede ser resumido en un “Te Quiero”, como sabes que estamos alineados en todas y cada una de las dimensiones espaciales, temporales y etéreas.

Para qué contarte cómo mi alma pasa al estado de expansión absoluta, al detectar tus pasos en las maderas del porche de la entrada, qué voy a relevarte si hasta los pájaros paralizan sus cantos, asustados por los latidos de mi corazón.

Para qué contarte, mi cielo, qué esta vida sólo tiene tres actos, el argumento de quererte, el nudo en el que sobrevivo a diario, y ese feliz desenlace que me aguarda cada tarde, cuando tus cabellos al viento semejan el faro que guía mi navío hacia ti.

Déjame decirte que en esas pocas leguas la felicidad sangra por los poros de mi piel, las lágrimas se derraman sin aparente motivo, la respiración se acelera y me invento una brisa vespertina el más caluroso día del verano.

Déjame decirte que durante todos estos años de tu ausencia, no ha habido un solo día en el que no esperase tu encuentro en mis brazos, ni un solo día en el que no llorase tu falta, ni un solo día en el que no diera las gracias al cielo por todos y cada uno de los momentos que vivimos juntos.


domingo, 21 de mayo de 2017

La Penúltima

He amanecido abrazado a una muñeca. Ese debería ser el balance de la noche, el fin de la reflexión. Si acaso, no estaría de más saber cómo he podido conseguirlo. Por repetir, más que nada. Aunque en el fondo, conociéndome como me conozco, yo diría que nada de lo planificado, ninguna de las estrategias habituales ha podido funcionar. Y esa reflexión, aparentemente pesimista, viene plenamente avalada por las estadísticas más recientes. Por tanto, infiero que el resultado ha sido independiente de mis acciones, por lo que poco importa cómo lo he conseguido, puesto que no seré capaz de obtener los mismos resultados.

Yo creo que pudo ser mientras tomábamos la penúltima. Esa última mezcla, ese toque verdulero (en el mejor sentido de la palabra) que le asignó el barman. Recuerdo que acudió solícito para aderezar el gin-tonic. Con cierta sorna le hice saber que al mío le dejase tranquilo. “Es un gin-tonic, no una sopa juliana”, creo que le dije. Ella, fuese quien fuese, de dejó llevar. Alguno de los hierbajos verdes igual no eran para el gin, ni para el tonic, sino para liarlos. Vaya usted a saber.

Lo cierto es que cuando se acercó su amiga, léase el bombón que está aquí, a mi lado, tumbada en el lado de la ventana, boca abajo, con la melena negra extendida como si un pulpo se vistiese de domingo y decidiese alinear todas sus patas, ofreciéndome una extensa panorámica de su espalda y de la zona donde concluye, cuando se acercó y tomó prestada la copa donde se había depositado una selecta muestra del Jardín Botánico, pese a las protestas de su amiga, ya no hubo forma de alejarla de mi lado. De ahí mi teoría alucinógena.

Fue la penúltima, sin duda. Porque la última fue en mi casa. Y de champagne. Sin mariconadas. Sin copa, ahora que lo pienso. Yo hice la cata en alguno de los pliegues de su piel, y ella a morro. Justo antes de descubrir su belleza. ¿Cómo puede una mujer bella seguir siendo bella hasta en aquellos momentos en los que uno debería descubrir sus imperfecciones? ¿Y cómo pueden resultar esas imperfecciones aún más atractivas que la belleza? ¿Y cómo puede el alcohol lograr esas percepciones?

¿Pudieron influir las cuatro copas previas? Decidamente no. Mi dilatada experiencia al respecto me ha transferido el conocimiento incontrovertible de que con cuatro copas suelo acabar en mi cama más solo que la una. Por puro razonamiento lógico, el único factor diferencial es que hubo una quinta copa, particularmente preparada, y tras ello, he amanecido con el bombón al que en estos momentos estoy acariciando con el dorso de mis dedos. Se que puedo despertarla, es un riesgo. Pero ella se marchará en algún momento, y en su lugar estará el mando de la televisión, alguna novela policiaca o la versión digital de los diarios deportivos. He de aprovechar el momento.

Parece que se estremece al rozar la concavidad de su cadera, que se agita cuando asciendo hacia los hombros. Parece que me invita a proseguir o eso quiero creer. Decido acometer el interior de sus muslos y ella me facilita el trabajo. Se erizan sus cabellos y yo empiezo a alterarme. Parece que tengamos un pacto tácito: Yo la acaricio y ella se deja. Yo procuro rozarle y ella procura quedarse. Yo la beso en el cuello, y ella no protesta.

Me asalta la duda. ¿Estamos en fase onírica o solicita un segundo asalto? ¿Movimientos involuntarios, o simplemente le gustó lo de anoche y quiere revancha? He de convivir con las dudas, con los miedos. Ojalá pudiese recurrir al barman de anoche, para que preparase un bidón de la penúltima copa, hierbajos incluidos. Pero ahora estaba solo. Podía romper el encanto de Cenicienta o hacer del alba la perfecta continuación de la noche.

Y mientras reflexionaba al respecto, seguía acariciando el interior de sus muslos, rebasando los límites habituales, mientras decidía el siguiente paso. Por suerte, se giró, ma atrapó las piernas con las suyas y me cubrió de besos el cuello. Deduje que los hierbajos del Gin Tonic mantenían una adecuada concentración en sangre, y por ello di gracias al cielo, al barman, y a la Penúltima, a la que Dios guarde por muchos años.

 

Fotografía destacada (Original por Andrés Nieto, bajo licencia Creative Commons)


sábado, 20 de mayo de 2017

Las Margaritas Del Viaducto

Día tras día, al caer la tarde, la veía avanzar por la Calle Segovia, escalando hasta los pretiles que sujetan el viaducto, siempre con un pequeño ramo de flores, en el que destacaban unas sencillas margaritas. Y en contra de lo que apuntaría la lógica, parecía mucho más cansada y triste en el descenso que en el ascenso.

Desde mi atalaya, la terraza del pequeño kiosko del Parque de Atenas, donde disfruto de mi café de media tarde, contemplaba la confluencia de dos costumbres, la intersección de dos agendas. Sabía porqué estaba yo allí; Porque necesitaba una pausa en mi trabajo, estresante, pletórico de responsabilidad y tensión. Pero no sabía su parte. ¿Qué le hacía avanzar los cientos de metros que separaban el Barrio de Puerta Del Angel, presumible origen de su viaje, hasta su destino, a pie de viaducto? ¿Y porqué con las flores? Si se tratase de un simple paseo cardiovascular, mejor le iría con unos auriculares para escuchar las tertulias, la música de su elección, incluso las noticias del tiempo.

Un pequeño resbalón, casi a los pies de mi mesa, me ayudó a contactar con ella. Me levanté presto, tras dejar la taza de café en el platillo, y corrí a socorrerla. No parecía de consideración. Una pequeña erosión que debía ser desinfectada. Con su permiso, solicité el pequeño botiquín del local y procedí a la maniobra. La invité a un café que ella rehusó muy cortesmente. Se levantó, dispuesta a cruzar el Puente de Segovia, hacia su destino en el barrio de la ribera oeste del Manzanares. Me atreví a preguntarle por su destino, por sus flores, por su vida, por ella.

Me aceptó el café, pero en forma de infusión. Se sentó. En torno a los cincuenta. Guapa, pero no tanto como antes, seguro. Entrecana, sin esfuerzos de tinte vegetal. Coleta a la antigua usanza, de las que mucho antes lucía mi madre con orgullo. De las que te mandan un mensaje de independencia y fortaleza. Suaves pómulos, que solo ahora, con el esfuerzo, apuntaban tonalidades carmesí, muy leves, apenas una sombra. El mentón, muy redondeado, no se apreciaban angulaciones ni aristas, aunque me consta que las ha de tener. Los labios sonrosados, carnosos, de los que dejan marca indeleble en las mejillas de los niños. La nariz, esculpida, orgullosa, defensiva, le otorgaba una singularidad extrema, multiusos, apta para la protección tanto como para la agresión. Y en su mirada, esa calma. La que cabría esperar de ese Mar Pacífico, si hiciese honor a su nombre.

Me sentía cómodo a su lado, transmitía ese sosiego que solo recordamos en las meriendas de la infancia, donde todo parece estar en orden, donde sospechábamos que nuestra madre controlaba las invisibles coordenadas del universo, donde estábamos a salvo, donde solo parecía importar quién se comía esa última galleta. Y a la vez, también parecía haberme trasplantado un cargamento completo de una invencible melancolía. Una aleación de la morriña gallega con la nostalgia de los soldados en el frente; Una mezcla de aquello que sienten las madres primerizas cuando escuchan el llanto del recién nacido, esa desesperación controlada, con esa nochebuena en la que faltan algunos de nosotros, en la que la alegría del momento se ve salpicada con unos tropezones de añoranza de los propios.

Tardamos muchas lunas, muchas infusiones, muchos ramos de margaritas, hasta que me pudo contar su historia, salpicada por ayes, por llantos, por bruscas interrupciones generadas por el dolor del alma. Quise pensar que le ayudó compartirlo conmigo, pero sería más exacto decir que de nuestra relación solo se obtuvo una desesperación mutua, unos grandes éxitos de nuestras decepciones, nuestros fracasos y nuestras penas.

Y así, tarde tras tarde, nos encontramos uno frente al otro hasta que tácitamente, iniciamos juntos la ascensión a los pilares del Viaducto de la Calle Bailén, para colocar sendos ramos de flores a su pie. Allí, donde dicen que aparcaba su Dodge Joe Strummer, donde  cometían sus peripecias los famosos bandidos del Madrid del XIX, allí sellábamos tarde tras tarde nuestra Entente Cordiale, nuestra alianza para ofrecernos mutua cobertura ante nuestras historias, protección ante la terrible tentación de ganar la parte de arriba del viaducto, salvar la valla y poner fin a todo.

Eso me confesó ella. Que fue muy afortunada, porque tarde tras tarde utilizaba una de las margaritas que portaba en su ramo, para tomar una decisión al respecto. Y hasta la fecha, siempre había obtenido una negativa. Tomé una decisión radical que ella aceptó. Sustituir las margaritas por rosas que robaríamos en la Rosaleda del Campo del Moro. Y en los peores días, nos dejaríamos perforar por una de sus espinas, mutuamente, con el fin de sellar con nuestra sangre esa fusión de almas que habíamos forjado en tantas tardes.

By FouPic (Виадук) [CC BY 2.0], via Wikimedia Commons


viernes, 19 de mayo de 2017

En Territorio Enemigo

Siento que me adentro en territorio enemigo cuando me ofreces tus labios.

Siento la exquisita celada que me tiendes cada vez que me miras con deseo

Vivo como caída libre cada uno de los momentos que me cedes en tu lecho

Vivo estremecido esperando al puñal que me atravesará guiado por tus manos

 

Espero a cada instante esa frase de desprecio que pronuncias sin temblores en la voz

Espero con paciencia ese gesto humillante con el que sueles obsequiarme al alba

Percibo el deterioro de mi alma con cada uno de los arrebatos que proyectas hacia mí

Percibo turbulencias en el paso de mi sangre cuando me diriges la palabra

 

Tropiezo las irregularidades del empedrado de la calle que nos contempla en la tarde

Tropiezo con la ilusión absurda de que a tu manera, a tu pesar, me quieres

Acabo con mi vida al contemplarte abrazada a cualquier desconocido en mi presencia

Acabo derrotado, humillado, alcoholizado y roto en cada una de esas muchas noches

 

Las noches que no duermo en territorio enemigo