miércoles, 12 de abril de 2017

Escala De Pasiones

Lancé los dedos hacia las teclas del piano

Precediendo multitud de sentimientos

Que oculté en un segundo plano

Reservados para mejor momento

 

Y cobrando vida, interpretaron

Las notas más tristes que vió un pentagrama

Los sentimientos que mi corazón quebraron

Llevando en cada corchea una parte de mi alma

 

En cada sonata, en cada aria, en cada canto

Formulo el secreto deseo de morir en el siguiente acorde

Por la pérdida de afinado, la anarquía del momento

Contemplando el abismo, justo desde el borde

 

Y sin embargo, prosigue feliz la orquesta

Abordando la sinfonía con técnica experta

Mientras muevo la batuta de tan absurda existencia

Y en cada cambio de compás, alzo los ojos, solicitando clemencia

 


martes, 11 de abril de 2017

En El Centro De La Tierra

Nunca pude seguirle el ritmo; Su capacidad de abastracción, su habilidad para diseñar universos paralelos, su posicionamiento extraatmosférico eran demasiada tralla para un sesudo lógico presocrático como yo.

La primera pelea dialéctica la tuvimos al respecto de la novela de Verne. Traté de explicarle en repetidas ocasiones que Arne Saknussem, en el hipotético caso de que hubiera existido, que va a ser que no, jamás hubiera podido llegar al Centro De La Tierra, sencillamente porque no existe tal camino, y lo que no existe, no puede recorrerse.

Contraatacó defendiendo la hipótesis de que en un momento previo a la aparición de los continentes, bien hubiera podido existir, y posteriormente, haber quedado resguardado de la obstrucción total por la acumulación de gases más densos que el aire. Y, aunque se considerase mi hipótesis, cómo podría estar seguro de que en la coordenada temporal no hubiese podido generarse un agujero negro en el que los continentes se hubiesen podido recorrer en un paseo en barca, tal como relata Verne.

“Ya, y yo, en otra vida, debí ser cantante de ópera, pero en ésta, tengo una oreja enfrente de la otra”

“Ya, ese es un gran argumento, de cualquier cosa, excepto de lo que estamos hablando, aunque te reconozco una extraordinaria capacidad para asesinar grandes éxitos de los 80,s”

“Gracias”, respondí irónico

“Es de justicia”, contestó él en tono similar

“Lo que vengo a decirte es que no puedes irte por los cerros de Ubeda, cada vez que se te presenta un problema concreto, tangible y sólido”

“Pues no veo porqué no”

“Vale. Esas dos chicas de ahí nos están mirando con cierto grado de interés”

“¿Esas dos?”

“Sí, esas”

“Ah”

“¿Es que no te parecen guapas?”

“¿Hipotéticamente?”

“¿Vas a teorizar ahora sobre la belleza femenina?”

“Ese era mi plan”

“Convengamos en que mientras vamos a hablar con ellas, reposas tus teorías”

“Como desees”

Nos acercamos hacia ellas, con paso firme y sereno. Al llegar a su altura, les pregunté si podíamos invitarlas a tomar una copa. Contestaron como de compromiso, manteniendo la buena educación, sin comprometer su respuesta, pero no fui capaz de sacarlas de ahí.

Mi amigo rodeó la mesa, sacó su teléfono móvil, accionó la linterna y comenzó a girar en redondo, parando cada sexta parte de circunferencia y anotando símbolos en su iphone. Ellas le miraban un poco alucinadas, pero sin abrir la boca. Cuando concluyó el perímetro completo, se sentó entre ellas y, con aire solemne, pronunció las siguientes palabras:

“Señoritas, en este mismo instante en el que nos encontramos, la atracción magnética de los polos orbitales puede ayudar a resolver uno de los grandes enigmas del universo. Y he de decirles que ustedes van a contribuir de forma muy notable. Veo que no me creen, y lo comprendo, pero la tangente al ángulo de penetración cósmica que apunta al centro de la tierra, al core mismo, pasa por la mesa donde tienen ustedes las copas, y voy a suplicarles que me permitan retirarlas durante un instante, si no tienen inconveniente”

Ellas no dijeron ni que sí, ni que no, pero le miraban con los ojos como platos. El retiró las copas a una mesa cercana, y prosiguió con su explicación.

“Como seguramente ustedes saben, la aparición de la Teoría de la Relatividad hace que todo esto sobre lo que estamos hablando, pueda ser real, imaginario, o una combinación de ambas cosas, pero no así el ángulo de penetración cósmica, que es una función neperiana del grado de incidencia de la luz de los agujeros negros sobre el Océano Antártico. Obviamente, las supongo informadas de lo que ésto supone”

En ese momento, las miró con cara circunspecta y un pequeño guiño de complicidad. Ellas no movieron ni un músculo de la cara, pero se miraron entre ellas, durante un solo segundo, y le devolvieron el guiño.

“Apartemos las mesas para facilitar la entrada del ángulo de penetración cósmica, y coloquémonos los cuatro en aquel área, mucho más retirada, donde podremos estar a salvo.”

Me tuvo que dar un codazo para que le siguiera la corriente y despejara ese área, llevando nuestras bebidas al rincón oscuro y discreto donde mi amigo quiso situarnos a los cuatro.

“Qué despiste el mío. Mi nombre es Helmut Von Heisenberg. Padre alemán, madre conquense. Mi amigo Jaime. Perdonad, voy a por unas copas, con tanta emoción os he dejado sin ellas.”

Ya a solas, ellas se sintieron más habladoras, y mientras que mi amigo “Helmut” volvía con las copas, pude charlar animadamente con ellas, y así, el resto de la noche. En un momento dado, las chicas fueron al aseo, Helmut me miró condescendiente, y yo me fui al aseo para no aguantar su cara de superioridad.

Y en el aseo, a través de las paredes de pladur de medio milímetro de espesor, pude oír su conversación.

“¿Has visto que morro le ha echado el tal Helmut? Se creerá que somos bobas de campeonato”

“Sí, pero el amigo tiene unos ojazos que te mueres, y yo hace un mes que no me como una rosca. Hazlo por mí”

 

 


lunes, 10 de abril de 2017

He Visto La Luz (y IX)

Al llegar al hotel, subí las fotos a las redes sociales, y me eché una pequeña siesta. Al despertarme, tuve la sensación de que Katherina estaba informada de mi presencia en su ciudad, porque recibí un lacónico whatsapp, con un mensaje firme, pero no exento de cariño:

“¿Te has vuelto completamente gilipollas?”

Como el lector comprenderá fácilmente, el mensaje de whatsapp hizo que me viniera arriba, que elevara mi nivel de confianza, reafirmara la bondad de la elección realizada, y me proporcionaba una muy razonable esperanza de que todo este caos, pudiera llegar a terminar de manera feliz y dichosa.

Ya supongo que alguno puede llegar a pensar que el hecho de que a uno le llamen “gilipollas” en un mensaje, quizá no sea un indicio precisamente positivo como para hacer pensar en un final feliz; De hecho, se trata de un insulto de categoría II/III. Es decir, que los hay peores, pero también los hay más delicados.

Aún así, mis esperanzas se encontraban plenamente depositadas en la palabra “completamente” Nunca un adverbio fue tan bienvenido. Al elegirlo, frente a otras opciones como absolutamente, definitivamente u otros “mente”, ella me hace llegar que con anterioridad a ese momento, no pensó que lo fuera “íntegramente”, sino que había zonas, regiones, en las que no me había hecho merecedor de tan negativo epíteto, puesto que en ese caso, lo hubiera empleado antes. Hombre, el hecho de que ahora lo piense, no parece un gran avance, touché. Pero no lo pensaba hace unos pocos días, y ese es el espíritu con el que hay que verlo.

El otro elemento esperanzador es el simple hecho de que me hubiese mandado el mensaje. En primer lugar, porque me seguía en redes sociales, lo que demuestra interés. Y en segundo lugar, porque se ha tomado la molestia de hacerlo, y con un mensaje muy personalizado, obviamente. No ha insultado a los hombres, a la raza humana, me ha insultado a mí, a mí solito. Un honor, desde luego.

Estaba el pequeño detalle de que el mensaje no era exactamente el comienzo de una conversación, ni el de una riña de enamorados. Hasta ese momento, por poder, podía ser una pancarta, un eslogan, un jingle. Y yo necesitaba hablar con ella, exponerle mis razones para actuar como lo hice, convencerle de la rectitud de mis intenciones, de mis buenos principios. Explicarle que ese tipo de cosas podían llegar a resultarle hasta entretenidas. Recordarle dulcemente el excelente rendimiento horizontal que supuso nuestra noche mallorquina. Estaba seguro de que sería extraordinariamente sensible a mis argumentos. Al fin y al cabo, ella me había perseguido, yo me dejé atrapar, pasamos una buena noche, y luego la olvidé. Vaya. Estaba ese tema.

Pero seguramente estas chicas tan guapas, tal inteligentes, tan sensuales, donarán parte de sus virtudes a disposición de la comprensión, de la tolerancia, del perdón. Al fin y al cabo, los tipos somos así de malajes; No tenemos las ideas organizadas, estoy convencido de que existimos para evitar que ellas se aburran, y puedan manejarnos, orientarnos o vapulearnos cada vez que les apetezca, con el fin de disuadirlas de afrontar los temas más importantes. Es decir, que mientras están entretenidas haciéndonos la vida imposible, nos permiten ocuparnos de esas cosas. Una teoría personal, no quiero decir que haya que aceptarla sin más.

Casi me molestó, porque estaba en racha intelectual, como habéis podido ver, pero el teléfono sonó para avisar de que había recibido un mensaje.

“Ni siquiera estoy en Budapest, tonto del higo”

Vale, una de cal y otra de arena. suaviza el insulto, pero se aleja en el roadmap. ¿Y donde carallo se ha ido esta chica? ¿Debería preguntárselo? Bueno, solo si quería verla, seré imbécil. Se lo pregunté. Respuesta:

“Estoy en Szekesfehervar”

Hablaba de una ciudad industrial al suroeste de Budapest, a unos cien kilómetros. No me pareció un obstáculo insalvable, siempre que aprendiera a pronunciar el nombre. Aún así, la situación requería una cierta reflexión. Me había dado su ubicación por lo tanto, no se oponía a que la visitase. Claro que cuando llegase allí, me iba a decir de todo menos bonito. Pero esa podía ser una penitencia aceptable, considerando el hecho de que yo era un imbécil con todas las letras, por haberla dejado escapar. Logísticamente no había grandes problemas, podía alquilar un coche y llegar en poco más de una hora.

El trayecto incluía pasar en ferry el Lago Balatón. El concepto “lago”, suele acarrear algún tipo de mística, se asocia normalmente a un paisaje bello, inusual, extraordinario. En ese sentido, cumplía alguno de los requisitos. Era inusualmente feo y extraordinariamente anodino. Pero lo pasamos.

La llegada a Szekesfehervar se produjo sin más novedad que el hecho de que no tenía ni idea de donde se hallaba Katherina, por lo que decidí reservar una habitación en el hotel con mejor pinta de la ciudad, enviarle un whatsapp con la ubicación, y esperar su llegada.

El plan funcionó a la perfección: Katherina hizo su aparición puntualmente. Veinte horas después, eso sí. Exactamente a las siete menos cuarto de la mañana, y golpeando con furia la puerta de la habitación. En mi afán por abrir la puerta, me enganché el pie derecho con la manta, y acabé aterrizando en la pared que separaba el cuarto de baño. Cogí una toalla y abrí a Katherina, sangrando a borbotones por la ceja izquierda. Dudo que se hubiese dado cuenta, pero yo tampoco pude recoger la totalidad de improperios que me dedicó antes de perder el conocimiento.

Cuando desperté, llegué a la convicción de que mi vida estaba grabada en una cinta de video, de esas antiguas de VHS, que la cinta se había enganchado en el reproductor, y se había puesto en funcionamiento en el mismo sitio, porque yo seguía recibiendo epítetos de Katherina, aunque ahora ya podía entenderlos. Querido lector, como resumen, he de explicarle que ella no estaba contenta, o al menos, no lo parecía.

Por las palabras sueltas que iba cazando al vuelo, deduje que lo que le había molestado era el hecho de que me había acostado con ella y luego la había olvidado. Ya sabía yo que ese pequeño aspecto colateral, iba a suponer alguna dificultad. Desde luego, se lo tomó como una afrenta personal. Intenté decirle que esa noche fue estupenda, como una alabanza hacia ella, pero cuando tuve que agacharme para esquivar el cubilete del hielo, llegué a la conclusión de que ella tenía otro punto de vista.

Preguntó a voz en grito porqué creía que se había acostado conmigo, y le contesté con absoluta honestidad que no podía descartar ninguna hipótesis, incluyendo la abstinencia o sobredosis de sustancias o medicamentos. Pensé que ese arrebato de transparencia la conmovería pero, amigo lector, la verdad es que la sinceridad es una virtud muy sobrevalorada.

En algún momento temí que la conversación no pudiese desembocar en un punto de entendimiento. Llámenme exótico, pero los indicios que les he comentado, me causaron cierta inquietud. En cierto momento, me planteé mentirle de la forma más descarada posible, con el fin de ablandarla un poco, pero decidí mantener la honestidad y la verdad por delante. Y, para mi sorpresa, no funcionó.

Me mandó a hacer puñetas en alemán, castellano, gallego, y un poco de húngaro que ya manejaba con cierta soltura. Como mis conocimientos del idioma magiar se limitan a las tres expresiones fundamentales (sor (cerveza), feher bor (vino blanco) y boros bor (vino tinto)), no pude encontrar una réplica certera. Y en el resto de los idiomas no me dio tiempo.

El caso es que me parecía que mis pecados no eran tan relevantes como ella estaba haciendo ver. Vale que no intenté contactar con ella con la suficiente intensidad. Vale que no había valorado suficientemente a Katherina. Vale que ella había peleado por la relación y que yo me había dejado llevar. Pero tampoco es como para molestarse, creo yo. Y así se lo hice ver:

-“Es que me está dando la impresión de que estás molesta, Katherina. Y sinceramente no creo que la cosa sea para tanto”

No recuerdo muy bien su respuesta, probablemente porque el zapato que me lanzó me hizo perder el equilibrio, caí sobre la cama golpeando vigorosamente el cabecero, lo que aparentemente hizo que el cuadro colgado por encima de la misma, acabara encima mismo de la ceja derecha. Creo que eso fue lo último que pensé: “Al menos quedaré marcado de forma simétrica”

Ella se ocupó de llamar a la ambulancia, de explicarles que no hablaba húngaro (ni ningún otro idioma, porque estaba inconsciente, entre otras razones) Resolvió los papeleos y conectó con el Consulado. Se lo agradecí, pero a toro pasado, porque no volví a verla. Dejó su teléfono como medio de contacto “exclusivamente para emergencias vitales”, y me dejó una nota escrita en un sobre de los que se usan para las historias clínicas, que decía lo siguiente:

“El hecho de olvidarte de mí, ha sido lo más humillante que me ha pasado en la vida. Y sé de lo que hablo, porque hasta ese momento, mi récord lo alcancé con todas las peripecias que tuve que hacer para poder verte en la playa, en el restaurante, en mi cama.

Y siempre pensé que había merecido la pena, hasta que me ignoraste. E incluso entonces, siempre pensé que me arrastraría hasta ti nuevamente si se presentaba la ocasión. Porque sigo estando enamorada de ti, hasta niveles que me avergüenza reconocer.

Pero no me arrastraré suplicando amor a una persona que ni siquiera se aproxima a quererme como yo te quiero a ti. Y tu llegada, solo ha confirmado lo esperado, que no me mereces, que no te merezco, que no he cometido suficientes pecados en mi vida como para verme entrelazada a tu simpleza, a tu inconsciencia, a tu tibieza. Soy una mujer inteligente, segura y atractiva, y encontraré quien me valore, aunque me lleve el resto de mi vida. Pero no tengo previsto traicionarme a mí misma por más tiempo.

Si quieres algo de mí, deberás colocar todas las fichas al mismo número, y arriesgarte, y sufrir, y posiblemente perder, porque no te voy a aceptar ningún esfuerzo intermedio. Todo tu ser debe estar alineado en una única dirección, hacia mí. En cualquier otro caso, bórrame de tu mente y de tu alma, si es que crees ser capaz.”

Cuando salí del Hospital, y manteniendo muy presentes estas frases, me subí al primer avión que salía hacia Madrid, volví a mi casa, a mis cosas, a mis costumbres y reanudé mi vida. Puede que estuviese dispuesto a arriesgarme, puede que no. Pero no iba a hacerlo porque muy por encima del amor, están las costumbres, las agendas, la monotonía del día a día, y la extraordinaria muralla que todas esas cosas crean a nuestro alrededor, haciéndonos insulsos e invencibles, como aquellos superhéroes de cómic, solos pero inmortales.

EPILOGO

No volví a ver a Katherina hasta varios meses después. Me disponía a salir de mi apartamento, cargado con una pequeña maleta de cabina, en dirección al aeropuerto. Mi propósito, un rutinario viaje de trabajo. El ascensor sonó, avisando de su inminente llegada a mi piso. Iba a enlazar el asa de la puerta, cuando ella se adelantó, empujando la misma en dirección a mi ceja derecha. A su ceja derecha, debería decir, porque se conoce que le había cogido cariño. La miré, sorprendido, irritado, confuso. Ella solo me preguntó: “¿Donde vas?”

Y yo, en un intervalo de lucidez, del que nunca me he arrepentido, le contesté:

“A buscarte. A jugar en el casino de tu alma. Llevo todas mis fichas conmigo, y voy a colocarlas en tu número. Y espero que el azar me eche una mano, me rescate de mi absurda existencia y me muestre el camino correcto hacia ti”

Ella me miró, me abrazó, me besó, me acompañó hacia el interior del apartamento, y nunca volvió a salir de allí.

Y nunca me preguntó por qué, para tan largo viaje, solo llevaba una maleta de cabina.


domingo, 9 de abril de 2017

TIERRA ADENTRO

Se incorpora esta noche a antoniadis9.com , la pluma invitada de Estrella RF, con un poema de siete líneas o una novela de amor, como me gusta considerarla.
¡¡Disfrutadla, amigos!!

caminando...

bty

Nadé a contracorriente

buscando un sueño

que se perdió en el infinito,

no encontré más que el vacío

de tu ausencia.

Volví tierra adentro

y me encerré en mi soledad.

(Estrella)

.

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miércoles, 5 de abril de 2017

En La Reja

En la reja que separa el horizonte, dejé anudado tu pañuelo

Y en la senda de regreso, coloqué unos cuarzos brillantes

Para que te sirvan de referencia en el camino desde el cielo

He recolectado estos días, algunos frutos y bayas silvestres

Colocando cada media jornada un pequeño hatillo

Que no retrases tu viaje a causa de pequeños menesteres

Mi alma se vuelca en cada vuelta que doy al reloj de arena

Percibo cada granito como una avalancha de piedras

E instintivamente me protejo con una foto, con tu recuerdo

Es tu ausencia la que me perturba, la que me nubla el sentir

Es tu ausencia la que trae a mi mente a Penélope y Odiseo

Es tu ausencia la que me dice: Espera, aguanta, y seremos felices

 

 

 

By PMRMaeyaert (Own work) [CC BY-SA 4.0 (http://ift.tt/1biekNi)%5D, via Wikimedia Commons

domingo, 2 de abril de 2017

¡Enhorabuena a todos!

Enhorabuena a todos los colaboradores de Scripto.es

Hacéis un gran trabajo

El Destrio

Porque todos somos parte de este propósito: Textos Solidarios. El blog scripto ha alcanzado un nuevo hito con estos quinientos “me gusta”. Puede parecer poco, pero si pensamos que cada vez que alguien ha pulsado esa estrellita en una entrada del blog ese gesto nace de la comprensión y la empatía con los que sufren en…

a través de ¡Enhorabuena a todos! — Scripto.es

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sábado, 1 de abril de 2017

Novelas De Amor

Cancelé mi suscripción a las novelas que tratan de amor

Lo hice con absoluta convicción

Porque en sus renglones se alineaban pasiones y deseos

Y dónde quedamos las almas carentes de sentimientos

 

Las que agotamos las reservas en las constantes batallas

Donde se entierran modales, morales, tacto y delicadeza

Y la victoria siempre es pírrica, dolorosa, desconocida

Y dónde quedamos las almas carentes de sentimientos

 

Abrí las cortinas, prendí las velas, busqué por doquier

Un atisbo de aquello que nos hizo socios fundadores del amor

Deteriorado, quizás muerto, desintegrado

Y dónde quedamos las almas carentes de sentimientos

 

Observando los rescoldos invisibles

De aquello que nominan “la llama del amor”

Que no se aviva, no se apaga,  y no calienta sino quema

Y dónde quedamos las almas carentes de sentimientos

 

En el limbo, en purgatorio, en el filo, en la frontera

Braceando para no perder el equilibrio entre vivir y seguir vivo

Rebuscando en la maleza los rastros del sendero perdido

Que nos lleve …a donde sea, donde los sentimientos se archivan

Donde las almas se quejan