jueves, 23 de agosto de 2012

A pie de cama




Aunque los amigos y lectores son conocedores de la casta tradición de la línea editorial de antoniadis9, me veo en la obligación de advertir a los nuevos curiosos atraídos por su perversa imaginación, que en esta entrada van a encontrar una total y absoluta carencia de elementos eroticoides, por lo que deberían encaminar sus pasos hacia páginas más especializadas como por ejemplo….os buscais la vida.com
Decía Freud que el inconsciente es la fuente de nuestras motivaciones, ya sean simples deseos de comida o sexo, compulsiones neuróticas o los motivos de un artista o científico. Con el respeto que uno debe a los mayores, especialmente si están fosilizados, no voy a negarle a D. Sigmund que el autor tenga motivaciones inconscientes en escribir esta entrada. Lo que costaría trabajo es clasificar dichas hipotéticas motivaciones dentro de los ejemplos anteriormente expuestos.
No tengo en estos momentos especial apetito, ni tampoco del otro (del otro no tengo apetito, tengo gula). Compulsión neurótica puede que sí, pero hoy es martes, no toca. Artista puedo serlo en el sentido coloquial cuando nos referimos a alguien que utiliza diferentes circunloquios o estrategias para obtener lo que desea, pero como muchos sabéis, es harto improbable que mis adeninas, citosinas y guaninas se hayan combinado para orientar mi desarrollo personal (mucho menos profesional) hacia los ámbitos musical, teatral y mucho menos pictórico. (ver próximo blog dedicado a D. Julián Egido, mi profesor de plástica de 7º y 8º de EGB y 1º de BUP. Lo escribiré cuando mi estado de tensión e indignación sea lo suficientemente elevado para no quitarle méritos a semejante hijo de puta )
En cuanto a las motivaciones científicas, pues no se puede descartar del todo, al fin y al cabo, algunas probetas he roto, algunos bunsen he encendido y muchos cubreobjetos han sido contundentemente destruidos por el objetivo de inmersión de mi añorado microscopio escolar marca ACME perdón, quería decir ENOSA.
Sean cuales fueren las motivaciones inconscientes, mi deseo al dejar estas notas no es otro que hablar de la curiosa mezcla de sentimientos y vivencias que un acontecimiento pequeño o cotidiano puede proporcionarnos, y cómo este hecho puede influir en el resto de nuestras vidas.
Anoche, mientras permanecía de pie junto a aquella cama, aquella persona y aquella madre, y veía como avanzaban furiosas las manecillas del minutero, sin poder hacer otra cosa que encomendarme a lo sabido y vivido, no podía evitar que me asaltaran unas reflexiones personales que seguramente me ayudarán en las pocas horas, días, semanas, meses o años que a uno le quede por este camino terrenal . Allí, al pie de esa cama, recordé que eso era exactamente lo que había querido hacer durante toda mi vida. Que eran esos momentos por los que había mantenido peleas desiguales y había salido victorioso. Que yo siempre había querido estar ahí, junto a aquellas y otras personas, compartiendo sus miedos y celebrando las mínimas esperanzas que esporádicamente se nos presentaban.
Hay algo mágico y terrible en esto que hacemos. Podemos ayudar y solemos hacerlo. Podemos ayudar mucho y a veces lo conseguimos. Podemos dañar mucho y a veces ocurre. Pero las más de las veces, nos conformamos con el Primus non nocere “lo primero es no hacer daño” , que en sí mismo es un principio casi inalcanzable.
Es curioso pensar que a veces uno se prepara toda su existencia para llevar a cabo una misión, y resulta que por la acción de los hados, los dioses, los hombres o el condesador de fluzo, al final acabamos en donde esperábamos, en las antípodas de los que esperábamos, o en nada de lo anterior.
Siempre que escuchas a un gran deportista, artista o literato comentando como fueron sus comienzos en la disciplina que les hizo grandes, llegas invariablemente a una conclusión: Que hubo un momento, o una época o una situación que precipitó la alineación de los planetas (que por cierto, cada día nos añaden o nos quitan, jodiendo a los padres pre LOGSE), concluyendo en la rápida progresión exitosa de la carrera profesional del brillante triunfador. Y encima te das cuenta de que quizás hubo un momento que pudo haberte pasado a tí.
Yo no recuerdo ninguna situación que personalmente me parezca tan decisiva como para haber cambiado los acontecimientos de mi vida llevándome a un irremediable estrellato. Dudo que las obras teatrales de los PP Capuchinos me hubiesen permitido acceder a Broadway. Sospecho que mis habilidades futbolísticas estaban pelín limitadas por este cuerpazo atlético que me adorna, y en cuando a la música y la pintura, dudas ninguna.
Sí que es cierto que algo pasó y condicionó mi vida futura, pero también algo habia pasado antes, por lo que no tengo claro el grado de influencia. Lo que es cierto es que ese algo ha permitido volver a la senda que había previsto hace unas cuantas décadas. Vete tú a saber si esa senda es aquella en la que mis capacidades son más aprovechadas o podría ganar más dinero o prestigio haciendo otra cosa.
Lo que es incuestionable es que lo que hago actualmente me hace feliz. No permanentemente feliz. Tengo días en los que envolvería el fonendo, el otoscopio y el pulsioximetro chino en la bata, lo metería en el maletín del ecógrafo y lo enviará a portes debidos a lista de correo del Dr. Smith en Auckland, Nueva Zelanda. Quizá exagero, el ecógrafo me lo quedo que me costó una pasta.
Como decía un conocido periodista deportivo, a veces me considero un bluff.
Pero hay noches, como la del otro día, en la que no concibo que algún profesional, en algún sitio, en algún momento, pueda ser más feliz que yo. Quizá tanto como yo, pero no más.
 

martes, 7 de agosto de 2012

Las cosas que no les contaré a mis hijos



(Y que si llegasen a averiguar, negaré hasta el fin de mis días)
He descubierto que hay cosas en mi vida que prefiero que mis hijos no sepan. Rectifico. No lo prefiero. Me jodería enormemente que pudiesen llegar a conocer.
Y he descubierto que siempre hay un cabrón que las larga.
Si alguno de los lectores espera que vaya ahora a describir con detalle oscuros episodios de mi azarosa vida pasada, simplemente va de cráneo. No pienso soltar prenda. Por eso, porque siempre hay un cabrón que las larga, uno de los cuales podrías ser tú, amigo lector.
Decía mi admirado Aznar (coño, empezamos bien, ya he picado) que España es un país de indiscretos y por lo tanto, él debía ser discreto. Eso me pasa a mí. La gente que me rodea, magníficas personas todos ellos, presentar una gama de virtudes extraordinaria, humanas e intelectuales, físicas y químicas, etéreas y operativas. Excelente sentido del humor (la práctica totalidad), excelentes cualidades artísticas, si es que consideramos el arte en un sentido muy muy muy amplio, enorme capacidad para el diálogo y la dialéctica (alguno se excede) tremendos lectores todos ellos (menos quienes ellos ya saben)
No puedo ser más afortunado en ese aspecto. Son todos estupendos. Y medalla de oro olímpica en largar más de la cuenta.
Como he comentado en algún otro escrito, esto de escribir un blog me sirve extraordinariamente para relajarme de las tensiones diarias, para establecer conversaciones al respecto con las personas que lo leen (¡¡las hay!!)  y para engordar un ego, cuya obesidad es mórbida desde el nacimiento (he vuelto a picar) Hoy , la motivación no es metafísica ni intelectual, hoy escribo movido por el más antiguo de los sentimientos del ser humano: la venganza.
Resulta que un extraordinario malaje, que se hace llamar amigo mío, y que en adelante llamaremos “Don Enrico” decidió compartir con mis retoños uno de los episodios más vergonzosos de mi vida profesional, que supuso un fracaso extraordinario y que tendré que arrastrar hasta el fin de mis días.
El episodio ni es secreto ni podría serlo, pues estuvo en comidilla de los ambientes serranos durante unas cuantas semanas, y aún hay malintencionados que aprovechan cualquier importante acto social (las fiestas, cenas conmemorativas, entierros,…) para recordar ese momento en aras de un supuesto estrechamiento de lazos fundamentado en compartir experiencias pasadas.
Yo lo que querría compartir con el maledicente, no le mencionaré aquí por pudor, pero sí puedo manifestar que los lazos que me gustaría estrechar se colocarían en su cara anterior en el cartílago cricoides y en su cara posterior en la apófisis odontoides del axis. Y luego a apretar. Si alguien piensa que no es muy hipocrático, pues va a tener razón.
No es de justicia que a uno le afeen un mínimo fallo en una suerte que ha demostrado dominar durante muchos años en diferentes y no siempre cómodas circunstancias. En lugar de recordar el terrible error, se podría conmemorizar los enésimos aciertos. Pero eso no vende. Vivimos de la explotación de la desgracia ajena, en los telediarios, en los sálvame horarios (o diarios o semanales, que ya me pierdo) No hay espacio mediático para el acierto o la alegría, solo para la pena y el dolor.
No estoy diciendo que esto que os cuento me ocurra solo a mí, soy consciente, pero no por eso hace que sea menos injusto. Y se sufre con estas cosas.
Además, que hay de lo tuyo, Don Enrico? Empiezo a meterme contigo. Porque no podría parar. No hay blog ni bytes suficientes para describir los oscuros episodios que salpican tu vida como los tropezones del gazpacho. Y yo aquí, calladito y aguantando.
Porque podría relatar esos inmorales episodios que inundaron tus 19 y mis 17, con cuestionables visitas culturales fronterizas (seré idiota, he vuelto a picar, yo también iba. Y conducía)
Y tus gustos en cuestión del sexo opuesto, dan para una Wikipedia completa. Hay que joderse, no dabas una. Seguro que me contraatacas con…ufff ya iba a picar otra vez.
En fin, no quiero ensañarme contigo, a pesar de la innoble jugada que me hiciste el otro día revelando a mis hijos uno de los secretos mejor guardados durante un palet de años.
Somos amigos, eso no va a cambiar, pero tengo que manifestarte que el momento elegido para tamaña revelación no puedo ser más inoportuno. Los niños están en una edad muy mala para recibir informaciones que puedan desmitificar la figura idolatrada del padre. Máxime cuando estoy nuevamente decidido a proseguir mi exitosa trayectoria con un epílogo similar al del canto del cisne, tras un ímprobo esfuerzo de preparación física rigurosa.
Para demostrarte que lo he superado, que mi madurez personal ha ido desarrollándose de tal forma que soy capaz de asumir y de convivir con los hechos más humillantes de mi existencia, simplemente lo expongo al albur de millones de personas en todo el mundo, potenciales lectores de este humilde blog: Yo fallé un penalti ante Lozoyuela, a pesar de que estaba plenamente convencido de que era gol. Y lo mandé a las nubes, en una órbita similar al de Sergio Ramos.
Y convivo con este terrible hecho durante los últimos veintipico años. Y he sobrevivido.
Pero pa que coño se lo cuentas a los niños

martes, 31 de julio de 2012

Una erosión en el alma

Hubo un tiempo en el que viví, y que ahora he olvidado casi por completo, en el que pude permitirme el lujo oriental de contratar una profesora de inglés de la que guardo un magnífico recuerdo a pesar de los resultados académicos son cuando menos, cuestionables; Yo al menos, me los cuestiono, y mis interlocutores angloparlantes, deben pensar que no solo son cuestionables, sino probablemente demandables.
En sus ímprobos esfuerzos por introducir en mi encéfalo idiomático-senil algún verbo de cierta utilidad práctica, probó a explicarme la diferencia entre el verbo "to arguee" y el verbo "to discuss"
En mi carabanchelera lógica (siempre de la zona más noble, pegado al Parque de la Arganzuela, que aún hay clases), eso de to arguee suena a "argumentar", y eso toda persona que no se dedique a circular por el lado contrario de la calzada, lo entiende como un intercambio sosegado y civilizado de opiniones.
Fíjate tú que estos catetos de "Guayomini" van y dicen que no. Que "to arguee" es lo que nosotros entendemos con el término verbal "to cabrearse" en el diccionario español-raro raro-español.Usease que para describir en inglish un cabreo en toda regla, con proyección de partículas voluminosas p.ej., en realidad debemos utilizar el término de juegos florales "to arguee"
Una buena pelea tiene evidentes efectos positivos, como son la descarga de adrenalina, la estimulación de los músculos periorbitarios, la tensión de las cuerdas vocales, la evocación mental de todos los recuerdos (por supuesto negativos), y una estupenda puesta al día de conocimientos aritméticos (las plantadas que me hicieste en 1979 menos el novio que te robé en la facultad, se anulan. Pero como luego me hiciste un regalo de mierda en mi cumpleaños, pues te debo dos putadas del 15. Vale, pues si no tenías pasta para más, te sigo debiendo un faenón de primer nivel y te robo dos jerseys)
Puede aportar maravillosos finales felices (pero cómo vamos a discutir tú y yo de dinero con lo grandes amigos que somos, pero ya me puedes dar la tela que la necesito para los libros de los niños), que siempre se ven corroborados o matizados por la expresión de tu interlocutor.
Lo que me parece que bordea el surrealismo es cabrearse por internet, puesto que no te aporta ninguna de las ventajas anteriormente descritas. No le vas a berrear al teclado, lo máximo aporrearlo. Tampoco se estimulan los músculos faciales, porque si no te los va a ver nadie, para que. Es verdad que hay gente que escribe lo que no se atreve a decir en la cara. O como decía Chesterton escribe para dejar claro que tiene razón ("Ningún hombre debería escribir a no ser que estuviese convencido de que él está en posesión de la verdad y otro hombre está en el error")
Quizá sea esto último lo que ocurre en las discusiones por internet. Que podemos dejar claro que tenemos razón de una forma sencilla, barata, ahorrándonos letras, acentos y todos los signos de puntuación. Quiza sea éste su éxito.
Lo que no te evita internet es la mezcla de impotencia , desolación, frustración y error que se produce cuando discutes con alguien que te importa de verdad. Porque el resultado de la discusión siempre es una derrota.
Decía un profesor mío que solo hay dos tipos de enfermedades: las funcionales y las orgánicas. Cuando discuto con una persona a la que aprecio de corazón, siempre percibo ambas: La inconsolable tristeza que me envuelve (que debe ser funcional) , y ese dolor lacerante y profundo que percibo en cada centímetro de mi cuerpo, y que estoy seguro que es una enfermedad orgánica: Es una erosión en el alma.
Y con ambas debo vivir. Y no es fácil curarlas. De hecho, no se curan. Siempre dejan secuelas

jueves, 19 de julio de 2012

Un soneto me manda hacer Violante


Es curioso como a uno se le queda grabado a fuego determinados sucesos, acontecimientos, canciones o poemas que, vistos desde una perspectiva objetiva, no se pueden considerar trascendentales ni para el curso de la humanidad ni para el curso escolar o profesional. Simplemente se nos han quedado adheridos como los bichejos estivales al parabrisas de nuestro encéfalo.
Seguro que todos tenemos nuestros ejemplos: la canción del Un, Dos, Tres, el anuncio de Marlboro, los libros de Los Cinco,…ninguno de ellos pasará a la historia de las artes escénicas o conseguirá un Nobel de literatura. Pero por algún mecanismo subliminal, nos acompañarán asociados a determinadas vivencias puntuales: Abrir un refresco, sentarnos en una terraza, aproximarnos a un niño.
En mi caso estos ejemplos son abundantes y en algún caso sorprendentes, pero si los detallo estaría recibiendo comentarios inmisericordemente jocosos de mis mal llamados amigos, que en realidad son un hatajo de porteras harpías (con mis disculpas para el honrado gremio de los trabajadores de fincas urbanas)
Uno de los menos inconfesables es un soneto que escribió D. Félix Lope de Vega y Carpio, y que formaba parte del añorado (ahora) Libro de texto de Anaya de lengua española, creo que de 2º BUP, lo que viene a ser…no se, algún curso con acrónimos.
Es el famoso soneto de Violante:

Un soneto me manda hacer Violante,
en mi vida me he visto en tal aprieto;
catorce versos dicen que es soneto:
burla burlando van los tres delante…

Desde luego, una obra maestra de la lírica, fijo que no es. Un maravilloso poema de amor, pues como no sea al ego de Violante, tampoco. Un paradigma del ecologismo, no parece. En fin, desde luego hay escritos bastante más profundos que éste, y mucho más hermosos.
Pero esa primera estrofa me ha acompañado desde jovencito. No se porqué. Es un soneto por encargo, de hecho. Es decir, muy probablemente lo escribió para comer (en aquella época no había Euribor), pero ha conseguido que 448 años después (como el chiste, mis 48 y unos 400) Violante y su soneto sirvan de excusa para escribir unos parrafillos.
Como os decía, el soneto tenía finalidad meramente alimenticia, pero quizá a Lope le pase como a mí, que al escribir algunas líneas  “por encargo”, detectes que se apodera de ti una sensación de paz interior, de cumplimiento de objetivos, de relajación y sosiego que pudieran ser confundidas con otro tipo de deleites más corporales. No es el caso, en absoluto, como decía Sabina, “no soy dado a tales excesos, así que escribí”
Toda esta parrafada anterior, en realidad surge ayer al comentar en el trabajo (al abrigo de un nespresso y un heladito, todo hay que decirlo), la curiosidad y la dificultad que entraña escribir un haiku, esos poemillas japoneses de tres líneas, que datan del siglo VIII, pero que merced a vaya vd. a saber, se están haciendo muy populares.
Me parece realmente complejo escribirlo, y la métrica es un poco limitada. Pero el animal (jubilado) competitivo que llevo dentro, me ha hecho platearme no solo escribir un haiku, sino acompañarlo con esa parte de mi infancia que desearía no haber olvidado, y que pretendo evocar con un soneto.
Eso quiere decir que paro aquí mismo el escrito, y considerando mi gran capacidad imaginativa y para la rima, cabe la posibilidad de que os lo muestre para San Antonio (de 2013 , obviamente)

miércoles, 27 de junio de 2012

Bajo la linea de flotacion


Recuerdo cuando me lo pidio. El tipico amiguete gracioso que pasa a equipararte con Don Felix Lope de Vega y Carpio, simplemente por dos razones; La primera es que sus capacidades literarias le dan justito para distinguir a Spiderman de La Masa. La segunda es que le proporciona un motivo para reforzar la trasnochada estrategia de ligoteo que viene utilizando desde el Instituto, y que hasta la fecha le ha proporcionado similares resultados a los de entonces. Es decir, uno o ninguno. Exito, quiero decir.
En cualquier caso, la situacion es terriblemente incomoda, porque el publico no esta muy versado, y por tanto los elogios son de dudosa validez. Y cuando recibes una critica, digamos que esta no suele  proporcionarte un solido punto de apoyo para obtener el Premio Nadal.
Si a esto le anadimos que yo no me encontraba en mi mejor momento, tras haber confirmado mi enesimo fracaso en la relacion de pareja, muy probablemente por culpa mia, poca gracia me hizo el fervoroso animo con el que mi patoso amigo me animo a mostrar mis ultimos escritos a la concurrencia.
A ella no la conocia. No la encuadraba en el grupusculo habitual de chavalitas encantadoras que habiamos llegado a tratar amistosamente, en parte por imposibilidad alternativa (la poblacion de derecho del pueblecito serrano donde nos moviamos no alcanzaba los 450 habitantes) y en parte porque mi amigo sostenia que su inicial reticencia a las costumbres libertinas era unicamente una pose que iria decayendo con la proximidad de la vuelta al cole, para pasar al mas rotundo y salvaje desenfreno. Desde luego hay que reconocer que la tesis distaba mucho de ser confirmada por la rotundidad de la logica presocratica, y mucho mas probablemente se tratase de una soberana memez. Quiza si hubiese recurrido a los biorritmos o a los ritmos circadianos hubiese sido mas dificil de combatir. Pero como todos sabemos, el exito en el ligoteo puntual se basa en una compleja combinacion de factores astrologicos, endocrinos, climatologicos y medioambientales, que siguiendo el espiritu de sintesis latino podriamos resumir en algo asi como “pues si te ha tocado, eso que te llevas”
Como decia, no sabia quien era y he de decir que en el primer momento tampoco es que me hiciese perder la cabeza. Para algunos hubiese pasado desapercibida incluso. La tipica buena chica que nos acompa;a en momentos complejos y siempre se presta a echar una mano. Pero, aunque no inicialmente, no paso mucho tiempo antes de que detectara una carga magn'etica o lum'inica o electrica que la acompa;aba al aproximarse a mi presencia. Sea lo que fuese, electron, proton o foton, en mi entorno orbital conseguia realizar algun tipo de cambio, sea de naturaleza fisica quimica o feromonal (no es culpa mia, es de Freud) que conseguia pasar a un estado de sosiego interior, que solo podria comparar al que se alcanza en ...bueno, esos momentos especiales: la lectura de un buen libro, un gin tonic bien servido, un atardecer bien acompa;ado...si y esos otros tambien, vale.
Tengo tan idealizadas a las mujeres que doy por hecho que ellas perciben esas cosas. Incluso pueden medirlas: Hoy voy un poquito justa de eso que tengo especial, tengo que cambiar de colonia. Hoy voy a arrasar, estoy con los niveles de eso a tope. Ella dice que no, que es muy normal, incluso vulgar si la aprietas. Yo me veo en la obligacion de recordarle que existen procedimientos quirurgicos muy contrastados para la miopia magna, que es lo que debe tener para no darse cuenta del impacto que causa en los desvalidos XY o un grado de modestia tan acusado que raya en lo patol'ogico. Decia Lorenzo Silva que existe un grado excepcional de soberbia que es la modestia espa;ola, consistente en degradarse continuamente. No creo que llegue a esos limites, pero desde luego, a mi me mata que no sepa valorar la profundidad de los cambios que provoca en los hombres incluso en los hombres cabales, como dice Don Manuel.
Me averguenza reconocer que no soy capaz de describirla fisicamente. Cada dia que pasa me parece mas bella, y doy por hecho que es mi extraordinario grado de subjetividad el que me aturde. Pero quizas sea simplemente cierto. Quizas a cada momento se le une un foton o un electron y se coloca donde debe, y eso sea lo que ocurre. No estoy seguro.

De lo que estoy completamente seguro es de que ha mandado tres morterazos a la linea de flotacion y ha conseguido que el anta;o orgulloso galeon imperial dedique una buena parte de su travesia a reparar las vias de agua que los continuos movimientos asimetricos de la criatura estan provocando. Ha conseguido desestabilizar al capitan y timonel, y ahora mismo, podriamos decir que  la nao mantiene el rumbo, aunque la ruta elegida no parece ser muy recta
Y eso lo ha conseguido seguramente sin proponerselo, sin interesarle, sin importarle. Y desde luego con ausencia de malicia. Y con una absoluta economia de esfuerzos. No ha movido un dedo y ha provocado el efecto pariposa mas devastador que podr'ia imaginar.
Tengo muy claro como va a terminar esto: Yo sufrire y ella no. Pero a diferencia de Maquiavelo, no me interesa el fin sino el proceso. El proceso esta siendo duro pero enriquecedor. Frio y salvaje en ocasiones. C'alido y afectuoso en las menos. Lo que no esta resultando es indiferente. De eso no hay. De eso no va a haber. Con ella, imposible

jueves, 21 de junio de 2012

Los mejores momentos del día

Ni siquiera sé cómo ha podido ocurrir. Decir que no lo busqué es innecesario. Todos sabéis que no lo hice,. No va con mi carácter, con mi posición, con mi educación. De hecho, no se me ocurre mayor violación de mis posiciones, de mis principios, de mi objetivos e incluso de mis anhelos.
Y yo estaba tranquila. No lo busqué. No lo favorecí, no lo consentí. O al menos eso creo.
Pero sucedió. Y no lo he lamentado ni un segundo. De hecho, no concibo el resto de mi vida sin evocar esos momentos. Esa es la fuerza que me permitirá seguir sin que nadie sepa nunca cómo abandoné todo lo que era.
La lejanía del momento me permite verlo todo más claro, más nítido y más objetivo. Como corresponde. Como se suponía que debía ser. Como nunca más podrá. Yo diría que se alinearon los planetas o sus estelas, o sus estrellas.
Yo estaba en lo de todos los días: los listados, los correos, mi agenda y la de los niños. Las citas con el dentista y las reuniones con el ministro. Y él estaba en lo de todos los días: los cascos, la mochila y el libro del día. Creo que ese día tocaba Nietzsche. En su descargo, su obra más conocida, Zaratrusta. Igual lo leía por gusto, igual por necesidades académicas. Lo cierto es que me fijé en la portada, y mi expresión facial debió ser tan aparatosa que miró por encima de sus lentes John Lennon y dijo: "Sí, un auténtico ladrillo. Pero diferente"
En efecto. Eso mismo pensé yo. Diferente. Este joven es diferente de los de su edad. Es diferente de mis hijos, de los amigos de mis hijos, de otros chicos. No por el físico, que también. Quizá no era el típico chico "mono" No me pareció tampoco que estuviese especialmente musculado. Ni sus ojos...Bueno, ahí me engaño. Sus ojos eran ...translúcidos, no, no es esa la palabra. Pero transparentes tampoco. Felinos. Sí pero no. No era un leopardo esperando a una débil gacelilla. De ser algo, sería la débil gacelilla, pero desde luego, no se dejaría comer.
Está bien, en dos palabras no sale. Pero su mirada te marcaba LA línea, la que debería seguirse si querías estar a su lado, suponiendo que te dejase.
Yo supe en ese mismo instante que quería estar a su lado. Pero lo de la línea era excesivo. Yo era la profesional de éxito, la que lo tenía todo. La que se arriesgaba. La línea la debo marcar yo.
Pero él no cedió ni un ápice. Seguramente apreciaba en mí mis mejores cualidades, las que saltaban a la vista y alguna de las ocultas, pero eso no era suficiente. LA línea o nada. Y además, quién te ha invitado. Tienes clase, eres inteligente, seguramente de éxito, pero yo no te he invitado. Has venido porque has querido. Y no te acerques mucho, porque no es lo que yo deseo.
Nuevamente mi expresión me delató. El me dijo " Puedes dejarme salir? Voy a cambiarme de asiento" Se movió hacia la ventana. Creo que podía observarme desde el reflejo de la misma. Pero no creo que lo hiciera.
Hubiera dejado mi portátil, mi libro, mi agenda y cualquier otra cosa que me hubiera lastrado en la única razón de mi existencia a partir de aquel momento: Seguir LA línea, tan próxima o alejada como él me hubiese tolerado. Pero él no apartó la vista de la ventana.

miércoles, 20 de junio de 2012

El Pobrecito Hablador

No recuerdo exactamente el mes, la estación y ni siquiera el año, cuando oí hablar por primera vez de Mariano José de Larra. Y tampoco estoy seguro si fue el hecho de que se pegara un tiro a los 27 años, o porque lo hizo por amor. (Mi amiga dice que a los 25 ya ha coleccionado una multitud de experiencias vitales. Supongo que Larra estaría de acuerdo)
En cualquier caso, alguna o ninguna de estas razones contribuyeron al hecho absolutamente novedoso de que decidí comprar un libro que reunía una buena parte de sus mejores artículos periodísticos satíricos, entre ellos el conocido "Vuelva usted mañana", que siempre regresa a mi pensamiento cuando  tengo que lidiar con la administración.
No voy a decir que Larra fuese el mayor genio literario de la historia, pero ha dejado un curioso pack de frases geniales que, vistas en retrospectiva y manteniendo el espíritu irónico y mordaz de Fígaro (su más conocido seudónimo), cabría calificar como absolutamente premonitorias:

  •        Las teorías, las doctrinas, los sistemas se explican; los sentimientos se sienten
Yo creo que ésta sin duda es aplicable a nuestra Selección Española de Fútbol, y más concretamente a los casi 50 millones de seleccionadores españoles. 
Nos hacen un planteamiento teórico que ha sido elevado a categoría de doctrina por el mundo del fútbol en su conjunto, nos hacen ganar Euro 08 y Mundial 10, y nosotros a protestar por el "9" y no se que parada de Casillas. Solo los sentimientos pueden explicar semejante pérdida de confianza en la doctrina y el sistema de Don Vicente, ese "señor de bigote que parece que está durmiendo" , según palabras de Petros Markaris

  • Muchas cosas me admiran en este mundo: esto prueba que mi alma debe pertenecer a la clase vulgar, al justo medio de las almas; sólo a las muy superiores, o a las muy estúpidas, les es dado no admirarse de nada
Esta frase solo puede entenderse en el actual contexto socioeconómico, que fuie negado sistemáticamente por Zapatero (y otros muchos), y como se puede observar, Larra fue capaz de predecir.
Porque sin duda solo las almas muy superiores (los economistas) o las muy estúpidas (los políticos?) pueden no admirarse de lo que nos está pasando. 
Me admira lo de Bankia, Bancaja, CAM. Me admira el pastón que se han llevado los mismos que las han hundido, y me admira que no los hundamos a todos y cada uno de ellos en el Lago de la Casa de Campo.
Por tanto, y según Larra, me ubico en el justo medio de las almas, o sea que la mía debe pertenecer a la clase vulgar. Parafraseando a Huxley, quiero ser un delta , porque para ser un alfa hay que pensar mucho. O sea que me quedo como un vulgar delta

  • Las circunstancias... palabras vacías de sentido con que trata el hombre de descargar en seres ideales la responsabilidad de sus desatinos.
(Véase párrafo anterior)

  • En punto a amores tengo otra superstición: imagino que la mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere.
Esta es sin duda la más controvertida y la más premonitoria a la vez. Digo que es controvertida, porque yo, sin ir más lejos, no estoy de acuerdo en absoluto. El que una mujer te diga que te quiere , no lo considero una desgracia, puede estar hasta bien. El problema es que sea cierto. Eso sí que es una maldición. 
Antes de que las XX me saquen los ojos, me apresuro a matizar mis palabras. Lo considero una maldición porque parto de la premisa de que un hombre nunca estará a la altura de las expectativas que una mujer ha puesto sobre él. A veces porque son excesivas , y de ahí el elevado número de divorcios, y otras porque el hombre no se apaña.
Hay que estar muy atento para no caer constantemente  en las pequeñas celadas diarias que nos plantean ellas. Y aún así, siempre te pillan en algo. Por acción o por omisión. 
Pasa como cuando juegas contra la Selección: lo mejor es rendirse directamente o elegir muy bien las batallas que quieres pelear (y que luego vas a perder)
Son muchas, son mucho más listas, y son mucho más malas de lo que ellas mismas reconocen. Que ya es mucho