Te acercas y me preguntas dónde el río se civiliza
para contemplarlo al eco de los pasos de tu tristeza
En la llanura, en la montaña, en sus laderas
podrás hallar el sosiego que la pena minimiza
Y en tu solitaria condición me confías la verdad
que en realidad consuelo no esperas, el duelo es infinito
aunque en ciertas situaciones, al albur del atarceder
tu ánimo podría mejorar, visto con generosa bondad
Mira, hace unos días, analizando mi tristeza, concluí
que la profundidad de la culpa es lo que más me apena,
al no poder traspasar a otros la responsabilidad
de lo que sucedió, y ahora llegó el momento de sufrir
Intento disculparte y me interrumpes, descuida soy consciente
de todo lo que hice y mucho más, que lo que omití,
vendrá conmigo hasta el ocaso, como un indeleble estigma
que eliminar no es posible, ya que en tu alma está permanente
Aceptar tanta culpa solo es posible si el daño es proporcional
me es imposible -le digo- creer que en tu ánimo pueda haber
producir tanto mal, no se podría creer en criatura tan dulce,
solo podría explicarse de haber ocurrido algo accidental
Agradezco la benevolencia y en lo más profundo de mi esencia
no dejo de agradecerte asaz tolerancia, de seguro inmerecida,
y que no saldría de tus labios de conocer todas las causas
que precipitaron la venta de mi alma y la difícil indulgencia
Bien podría decirte que fue todo por amor, y con eso qué diría
quizá en otras épocas, donde pudiese parecer suficiente;
lástima, no es el caso, en nuestros tiempos eso poco significa
ya que cualquier banalidad predomina, sobre amor y alegría
Mi único consuelo es la bondad de mis intenciones
solo pretendía liberar de mis influjos a una buena persona
cuyo terrible pecado fue enamorarse de quien no debía
de quien no le quería, o simplemente tenía otras ambiciones
No lo pudo superar y por eso aquí me hallas, por las riberas
de este río, que nació como un torrente y murió humildemente
diluido en las turbias aguas de este canal poderoso, cuyo trayecto
encontrará, como en la vida, rectas, meandros y barreras
Quizás el delito no me lleve presa, pero mi yo, mi alma y espíritu
se hallarán en permanente penitencia, con capas moradas
bajo las telas, así es como nos sentimos, viviremos y penaremos,
y entretanto recorreremos el río con pena y con ímpetu
Ante esas confesiones, donde hablas casi de penas capitales
solo encuentro en tus acciones, la férrea motivación
de los designios del corazón, que por su capricho unas veces
nos transforma en seres perversos y en otras, angelicales
Por mi parte, quién soy yo para juzgarte, ni soy ofendido
ni te creo ofensora, quizás una víctima, quizás una estatua.
En esta ribera yo encuentro la calma, pues la necesito,
y aquí me hallarás en esos días donde se necesita un amigo.
domingo, 18 de mayo de 2014
domingo, 4 de mayo de 2014
El Sistema Métrico Vital
Una vez asimilado con deportividad que hace unos pocos días me cayeron los 50 (véase Cincuentones), y habiéndome resistido a realizar un balance global de la ingente cantidad de meses por las que uno ha pasado, muy probablemente por el pánico que me produce, he decidido proponer un sistema de valoración personal e intransferible, y que tiene como truco la enorme subjetividad e imperfección del mismo, terrenos en los que me muevo como pez en el agua.
Simultáneamente he tomado la irreversible decisión de abandonar para esta entrada del blog ese deje irónico-sarcástico-que pretende ser un poco Larra, pero que no se acerca ni de lejos, para abordar el tema con enorme seriedad y trascendencia. Pero como uno se debe a su público, que estoy seguro de que no me quieren ver sufrir escribiendo cosas trascendentales, pues he decidido revertir la irreversible decisión. Es lo bueno de tener un blog, que escribes lo que te da la gana y te contradices de la misma manera. Ya lo decía Ortega, «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo» Por tanto, "circunstancialmente", voy a pasar de mí mismo y hacer caso a los lectores. De nada.
En realidad, este sistema que propongo, no es estrictamente novedoso. De hecho, la historia de una civilización, de un país, de un colectivo, de una ciudad, puede estudiarse de muchas maneras, todas ellas válidas, esencialmente porque no hay manera de enterarse qué pasó en realidad. Desde muy pequeño, siempre he intentado llegar a la esencia de una realidad histórica, preguntando a mi padre quiénes eran los buenos y quiénes los malos, y observando las enormes dificultades que suponían contestar a una pregunta aparentemente sencilla. En el último libro que estoy leyendo "1914, el año de la catástrofe", que trata sobre la 1ª Guerra Mundial, ofrece un sistema de análisis que encuentro muy interesante. Independientemente del rigor técnico con el que aborda el problema, es capaz de apuntalar las tesis con muestras de correspondencia personales de gentes de a pie, artículos periodísticos y por supuesto con documentos oficiales.
A través de este sistema, encontramos dos formas diferentes de entender un/unos sucesos; De un lado, la perspectiva individual de cada uno de los afectados, que las más de las veces nos permite observar puntos de vista totalmente discrepantes sobre unos hechos aparentemente objetivos. Por otro lado, la utilización de escritos que reflejan sentimientos personales, y por tanto, válidos en aquel momento y en aquella hora, nos permite vislumbrar la cuasi certeza de que las cosas, los hechos, los sentimientos y las valoraciones, son terriblemente subjetivas y enormemente cambiantes, según el día , la hora y el minuto en el que nos encontremos sumergidos.
Aprovechando esta lectura, cuyo objetivo es revivir experiencias humanas, y desde ahí , intentar reconstruir la historia, es cuando me he permitido exponer un método alternativo de valoración de experiencias, al que modestamente he denominado el Sistema Métrico Vital.
Podía haber elegido como nombre el Sistema Anglosajón Vital, pero si en el caso de las medidas o la circulación de vehículos, es tan profundamente equivocado, me ha parecido un riesgo innecesario aplicarlo a la vida de un individuo, por razones de fácil comprensión: la vida es lo suficientemente compleja como para llevarla por el lado izquierdo.
¿En qué consiste este sistema? Muy sencillo. Digamos que alguien tiene que realizar una valoración sobre un periodo de su vida, unas vacaciones, la vida universitaria, el tiempo de convivencia conyugal...Cuál sería el método de valoración previo al "Sistema Métrico Vital " (en adelante SMV) Pues podríamos considerar que la mayoría de las personas tenderían a considerar ese bloque temporal como un conjunto de experiencias vitales, de las que al final de su análisis obtendrían una valoración cualitativa y global. Por ejemplo: "Las vacaciones de Semana Santa han sido un coñazo, porque ha hecho muy mal tiempo y casi no hemos pisado la playa"
Obsérvese las ventajas e inconvenientes de este método; La ventaja del mismo es su facilidad de comprensión para un tercero, que con la mejor intención nos pregunta sobre nuestro tiempo de asueto, con la lógica esperanza de que nos contesten algo muy agradable que nos permita un clima de favorable entendimiento, algo de especial importancia si hablamos, por ejemplo, con nuestro jefe directo o con el compañero con el que conviviremos la jornada laboral. A partir de aquí, podemos saber que no es el día de pedir un cambio al compañero o un aumento al jefe. Ciertamente es una ventaja.
El inconveniente principal es que no podemos acercarnos tanto a la verdad como nos podría interesar. Supongamos que tenemos un interés real y no crematístico o laboral. Vamos a plantear la hipótesis de que en realidad nos mueve un verdadero deseo de que a nuestro interlocutor le hayan ido bien esos días de asueto. Vale, no es frecuente, pero esto no es más que una hipótesis, y por tanto, no vale discutirla. Si en lugar de una valoración subjetiva global("Las vacaciones de Semana Santa han sido un coñazo..."), nos aportase datos más objetivos y numerosos, podríamos aceptar sin reservas su aseveración, discutirla hasta la saciedad o al menos matizarla.
Este nicho de mercado es el que pretende cubrir mi propuesta, el novedoso SMV. Se basa en una profunda división de la vida en pequeñas unidades temporales llamadas días, de a 24 horas cada uno, y concentrar la valoración de las experiencias vitales en cada uno de los días, y no a mogollón, como se suele hacer hasta la fecha. Ya se que parece poco innovador ("Que tenga un buen día", "¿Has tenido un buen día?", "Vaya día de mierda", etc), pero en realidad no son más que fórmulas de cortesía bajo las que subyacen claros intereses materiales: "Vuelva mañana y suelte 2€ por un café que a mí me cuesta 0,10€", "Si ha sido bueno, aprovecha tu energía positiva para arreglar la lavadora", "No me vuelvas a repetir otra vez que el mes que viene tu madre va a pasar 15 días en casa"
En mi caso, el único objetivo del SMV es conseguir aproximarnos a la realidad de las experiencias personales, su impacto, su influencia, su influjo, con el fin de poder aportar datos empíricos que puedan ayudar a mejorar la percepción que las personas a las que queremos tienen de su propia vida, o alternativamente poder ofrecerles experiencias pasadas aisladamente consideradas que puedan ayudarle a tomar decisiones o a sobrellevar mejor los inevitables disgustos cotidianos.
Aunque no he abandonado la posibilidad de numerizar debidamente cada unos de los días vividos, me encuentro en un callejón sin salida cuando pretendo comparar sucesos o hechos de gran heterogeneidad. Por ejemplo, si a mi querido amigo llamémosle A, se le presenta delante de sus narices un billete de 100€, cualquier observador objetivo diría que sin duda es un paso adelante para considerarlo como un día 10/14 (he puesto 14 para ver si me voy enterando con lo de la selectividad. Pero que si no os gusta, lo cambiamos y listo) En el caso de mi amigo A, habría que matizar mucho ese dato, porque si 4 días después le duele la espalda, es perfectamente capaz de echarle la culpa del dolor a los 100 pavos, y a ver qué hacemos ¿puntos negativos? Para el mismo caso A, cualquier padecimiento lumbar es perfectamente irrelevante si el Atleti gana a un 3ª división. No os cuento si se hace con la Champions. Levita, fijo.
Por tanto, es claramente un sistema imperfecto, pero con posibilidades. A mí me sirve de mucho. Al final, casi todos mis días aportan algo positivo que me permiten empatar o ganar a los desastres cotidianos. A veces es la música, a veces vosotros que me léeis, otras veces las sorpresas, alguna vez un paciente y constantemente los niños. Cuando voy por debajo en el marcador, nunca me fallan.
Simultáneamente he tomado la irreversible decisión de abandonar para esta entrada del blog ese deje irónico-sarcástico-que pretende ser un poco Larra, pero que no se acerca ni de lejos, para abordar el tema con enorme seriedad y trascendencia. Pero como uno se debe a su público, que estoy seguro de que no me quieren ver sufrir escribiendo cosas trascendentales, pues he decidido revertir la irreversible decisión. Es lo bueno de tener un blog, que escribes lo que te da la gana y te contradices de la misma manera. Ya lo decía Ortega, «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo» Por tanto, "circunstancialmente", voy a pasar de mí mismo y hacer caso a los lectores. De nada.
En realidad, este sistema que propongo, no es estrictamente novedoso. De hecho, la historia de una civilización, de un país, de un colectivo, de una ciudad, puede estudiarse de muchas maneras, todas ellas válidas, esencialmente porque no hay manera de enterarse qué pasó en realidad. Desde muy pequeño, siempre he intentado llegar a la esencia de una realidad histórica, preguntando a mi padre quiénes eran los buenos y quiénes los malos, y observando las enormes dificultades que suponían contestar a una pregunta aparentemente sencilla. En el último libro que estoy leyendo "1914, el año de la catástrofe", que trata sobre la 1ª Guerra Mundial, ofrece un sistema de análisis que encuentro muy interesante. Independientemente del rigor técnico con el que aborda el problema, es capaz de apuntalar las tesis con muestras de correspondencia personales de gentes de a pie, artículos periodísticos y por supuesto con documentos oficiales.
A través de este sistema, encontramos dos formas diferentes de entender un/unos sucesos; De un lado, la perspectiva individual de cada uno de los afectados, que las más de las veces nos permite observar puntos de vista totalmente discrepantes sobre unos hechos aparentemente objetivos. Por otro lado, la utilización de escritos que reflejan sentimientos personales, y por tanto, válidos en aquel momento y en aquella hora, nos permite vislumbrar la cuasi certeza de que las cosas, los hechos, los sentimientos y las valoraciones, son terriblemente subjetivas y enormemente cambiantes, según el día , la hora y el minuto en el que nos encontremos sumergidos.
Aprovechando esta lectura, cuyo objetivo es revivir experiencias humanas, y desde ahí , intentar reconstruir la historia, es cuando me he permitido exponer un método alternativo de valoración de experiencias, al que modestamente he denominado el Sistema Métrico Vital.
Podía haber elegido como nombre el Sistema Anglosajón Vital, pero si en el caso de las medidas o la circulación de vehículos, es tan profundamente equivocado, me ha parecido un riesgo innecesario aplicarlo a la vida de un individuo, por razones de fácil comprensión: la vida es lo suficientemente compleja como para llevarla por el lado izquierdo.
¿En qué consiste este sistema? Muy sencillo. Digamos que alguien tiene que realizar una valoración sobre un periodo de su vida, unas vacaciones, la vida universitaria, el tiempo de convivencia conyugal...Cuál sería el método de valoración previo al "Sistema Métrico Vital " (en adelante SMV) Pues podríamos considerar que la mayoría de las personas tenderían a considerar ese bloque temporal como un conjunto de experiencias vitales, de las que al final de su análisis obtendrían una valoración cualitativa y global. Por ejemplo: "Las vacaciones de Semana Santa han sido un coñazo, porque ha hecho muy mal tiempo y casi no hemos pisado la playa"
Obsérvese las ventajas e inconvenientes de este método; La ventaja del mismo es su facilidad de comprensión para un tercero, que con la mejor intención nos pregunta sobre nuestro tiempo de asueto, con la lógica esperanza de que nos contesten algo muy agradable que nos permita un clima de favorable entendimiento, algo de especial importancia si hablamos, por ejemplo, con nuestro jefe directo o con el compañero con el que conviviremos la jornada laboral. A partir de aquí, podemos saber que no es el día de pedir un cambio al compañero o un aumento al jefe. Ciertamente es una ventaja.
El inconveniente principal es que no podemos acercarnos tanto a la verdad como nos podría interesar. Supongamos que tenemos un interés real y no crematístico o laboral. Vamos a plantear la hipótesis de que en realidad nos mueve un verdadero deseo de que a nuestro interlocutor le hayan ido bien esos días de asueto. Vale, no es frecuente, pero esto no es más que una hipótesis, y por tanto, no vale discutirla. Si en lugar de una valoración subjetiva global("Las vacaciones de Semana Santa han sido un coñazo..."), nos aportase datos más objetivos y numerosos, podríamos aceptar sin reservas su aseveración, discutirla hasta la saciedad o al menos matizarla.
Este nicho de mercado es el que pretende cubrir mi propuesta, el novedoso SMV. Se basa en una profunda división de la vida en pequeñas unidades temporales llamadas días, de a 24 horas cada uno, y concentrar la valoración de las experiencias vitales en cada uno de los días, y no a mogollón, como se suele hacer hasta la fecha. Ya se que parece poco innovador ("Que tenga un buen día", "¿Has tenido un buen día?", "Vaya día de mierda", etc), pero en realidad no son más que fórmulas de cortesía bajo las que subyacen claros intereses materiales: "Vuelva mañana y suelte 2€ por un café que a mí me cuesta 0,10€", "Si ha sido bueno, aprovecha tu energía positiva para arreglar la lavadora", "No me vuelvas a repetir otra vez que el mes que viene tu madre va a pasar 15 días en casa"
En mi caso, el único objetivo del SMV es conseguir aproximarnos a la realidad de las experiencias personales, su impacto, su influencia, su influjo, con el fin de poder aportar datos empíricos que puedan ayudar a mejorar la percepción que las personas a las que queremos tienen de su propia vida, o alternativamente poder ofrecerles experiencias pasadas aisladamente consideradas que puedan ayudarle a tomar decisiones o a sobrellevar mejor los inevitables disgustos cotidianos.
Aunque no he abandonado la posibilidad de numerizar debidamente cada unos de los días vividos, me encuentro en un callejón sin salida cuando pretendo comparar sucesos o hechos de gran heterogeneidad. Por ejemplo, si a mi querido amigo llamémosle A, se le presenta delante de sus narices un billete de 100€, cualquier observador objetivo diría que sin duda es un paso adelante para considerarlo como un día 10/14 (he puesto 14 para ver si me voy enterando con lo de la selectividad. Pero que si no os gusta, lo cambiamos y listo) En el caso de mi amigo A, habría que matizar mucho ese dato, porque si 4 días después le duele la espalda, es perfectamente capaz de echarle la culpa del dolor a los 100 pavos, y a ver qué hacemos ¿puntos negativos? Para el mismo caso A, cualquier padecimiento lumbar es perfectamente irrelevante si el Atleti gana a un 3ª división. No os cuento si se hace con la Champions. Levita, fijo.
Por tanto, es claramente un sistema imperfecto, pero con posibilidades. A mí me sirve de mucho. Al final, casi todos mis días aportan algo positivo que me permiten empatar o ganar a los desastres cotidianos. A veces es la música, a veces vosotros que me léeis, otras veces las sorpresas, alguna vez un paciente y constantemente los niños. Cuando voy por debajo en el marcador, nunca me fallan.
sábado, 26 de abril de 2014
De las siete artes
Elegiría la música, por su versatilidad y sencillez. Permite reflexionar sobre la existencia. Como la Primavera de Vivaldi. Siempre lo he considerado una de las mejores alegorías de la vida. El suave sonido de los violines armónico y simultáneo correspondería a la mejor etapa de la vida, entre el nacimiento y la pubertad, donde todo es amable y feliz, las flores crecen y su colorido nos rodea .
A lo mejor idealizo a la música por mi personal incompetencia en ese arte, y la consecuente envidia hacia quien es capaz de hacerme soñar y completar mi día a día con las pequeñas piezas del puzzle que me faltan. Si necesito una porción irregular de entusiasmo, recurro a Wagner, y cabalgar hacia la victoria a lomos de las Walkirias. Si preciso algo más etéreo y estelar, me acerco a Strauss y junto a Nietszche, hablamos con Zaratustra. Si las lágrimas deben abrirse paso en mis mejillas, el Allegreto de Brahms es absolutamente paradójico.
Y si no basta con el sonido y se busca una mayor seriedad y
oficialización, solo hay que fijarse en la partitura. Los símbolos que
rellenan el pentagrama aportan más rigor científico y formalidad que mil ecuaciones diferenciales.
sábado, 12 de abril de 2014
Mitos y Realidades: La malvada cafeína
Aunque no pretendo adjudicarme el papel de justiciero histórico-técnico, ni convertirme en el referente moral de mi entorno micro-social, puedo admitir que me toca las pelotas escuchar afirmaciones carentes de todo rigor científico o sociológico, en relación con algunos temas que son completamente nucleares en mi vida.
Es decir, que puedo permanecer callado o debatir a medio gas cuando el objeto de la discusión corresponde a áreas de conocimiento en las que no estoy muy interesado, o en las que simplemente estoy mejor preparado que mi interlocutor o interlocutores; Salvo que se pongan muy pesados, en cuyo caso me veo en la obligación de exponer mis mejores argumentos con una sólida y presocrática exposición; Salvo que se pongan aún más pesados, en cuyo caso, suelo recurrir a Mariano José de Larra, inspirador máximo de cualquiera que quiera comportarse de un modo ligeramente sarcástico.
Más o menos puedo tolerar con cierto estoicismo discusiones políticas, históricas, futbolísticas (casi siempre), e incluso musicales (siempre que mi interlocutor acepte de entrada que fuera de los 70-80-90, cualquier fruto musical es completamente abominable porque si no, tenemos lío) En el caso de no estar muy versado en la materia, lo que me ocurre con mucha mayor frecuencia de lo que me gustaría admitir, intento salir del paso como buenamente puedo y bucear en las modernas enciclopedias, para que no me vuelva a ocurrir.
En el caso de discusiones médicas o paramédicas, desgraciadamente aparece mi formación científico-humanista y tiendo a pasarlo muy mal cuando en mi presencia se realizan aseveraciones pseudo-médicas, presuntamente procedentes del consejo de un nutricionista, fisioterapeuta, esteticista, y que en realidad provienen del cuñado de un quiromasajista diplomado en el Centro de Terapias Alternativas Dr. Von Trapp, o algo similar. Ya se que los Von Trapp son los de Sonrisas y Lágrimas, es que eso es justamente lo que me causa.
Suele ocurrirme cuando algún ilustrado de los que uno tiene la ineludible penitencia de tratar, comienza a emitir juicios valorativos sobre la presunta influencia negativa de la cafeína. Se trata de que algún indocumentado mencione tangencialmente algún absurdo efecto perjudicial de la cafeína y comienzo a notar una progresiva dilatación de la vena yugular izquierda (es curioso que la derecha se queda tan tranquila. Debe ser lo de los hemisferios dominantes o que no tengo lado izquierdo. Porque mano izquierda seguro que no)
Algún ejemplo:
- ¿Vamos a tomar un café?
- Nooo, yo no tomo café, porque entonces no duermo. ¡Jodío vago, si son las 10 de la mañana¡. ¿Qué pasa, tu siesta empieza a las 11?
- Nooo, yo prefiero una infusión. ¿Como que una infusión? O sea que te da lo mismo un té verde que una valeriana? Eres como los americanos que piden una soda, que incluye desde una lata de Casera hasta una Coca Cola Zero?
- Nooo, ya no tomo café, porque me produce ardor de estómago. Pero so idiota, si llevas tomando almax desde que te conozco, y nunca te he visto tomar más de un manchado al día y por compromiso
- Nooo, prefiero un descafeinado. Hombre esto es más disculpable, porque implícitamente reconoce que le gusta el café y algún aguafiestas, sanitario, parasanitario o esposa le ha dicho que no debe tomarlo. Bastante tiene el pobre como para meterse con él
- Nooo, el café sube la tensión. So ignorante, la Hipertensión Arterial Esencial es la causa del 95% de los casos de Hipertensión Arterial y los médicos no tenemos ni puñetera idea de porqué se produce. Si tú tienes una Tensión Sistólica de 110 y tomas un café, el efecto hipertensor es momentáneo y a lo mejor hace que te suba a 120. Pues así a lo mejor le pones un poco de sangre y me terminas de una vez el informe que te pedí hace 2 semanas
- Nooo, el café produce cáncer de páncreas. Supongo que te refieres a que el primo de un cuñado de tu novia tuvo cáncer de páncreas y además tomaba un cafelito después de comer. Si supiera qué produce el cáncer de páncreas tendría una consulta en la Avenida Foix, con sucursales en Oxford Street y en la 5ª Avenida, en vez de tenerla en Francos Rodríguez esquina a Federico Rubio (Metro Francos Rodríguez, valga la cuña publicitaria), con sucursal en Las Tablas
- Doctor, llevo unas semanas que duermo fatal. Debería dejar el café?
- Señora, vd. no toma café. Lo que toma es un tazón de leche entera con 12 galletas maría trituradas en porciones prácticamente simétricas a la que le ha acercado vd. unas nanopartículas del bote de nescafé.
- En efecto, debe dejar el café de forma radical, y así, cuando vuelva a venir a mi consulta y le explique por enésima vez que vd. no duerme porque decide ponerse a jugar al padel a las 10 de la noche con otros 3 idiotas, por lo que la adrenalina del partido, aderezada por 3 botes de red bull, es perfectamente posible que tenga alguna influencia en su ritmo sueño-vigilia. Dedíquese a lo que un soltero de 30 años debe dedicarse todas las noches que le dejen, por su bien y por el de la sociedad en su conjunto, y deje de quemar a lo tonto la tarjeta de SANITAS pagada por la empresa
- Quizá sería mejor que dejaras los after work
- En su caso, considerando que es un diabético mal controlado, tiene un sobrepeso de 30 kg., le han dado 3 infartos y fu ma 2 paquetes diarios, mientras que se toma los whiskys, en realidad puede vd. tomar el cafe que le de la gana, porque el resultado no creo que varíe
La realidad al respecto es que como casi siempre, el sentido común dicta que el consumo de cafeína en niveles moderados, entendiendo como tales 4-5 tazas de café por día y 5 unidades de 250 ml. de bebidas gaseosas cafeinadas o té se consideran una cantidad
moderada o promedio de cafeína para la mayoría de las personas. De hecho, un muy reciente estudio destaca el efecto protector de la cafeína sobre la producción de la proteínas involucradas en la Enf. de Alzheimer.
Esto último me tranquiliza bastante. No porque empiece a sufrir los síntomas de la enfermedad, sino porque mi consumo diario se acerca bastante a niveles muy protectores.
Como además me aproximo peligrosamente a las franjas etarias donde suele diagnosticarse, pues a más a más.
martes, 8 de abril de 2014
Sufriendo en soledad
Sufriendo en soledad
“¡La felicidad! No existe
palabra…”menos lógica y más filosófica. Objetivo a alcanzar y
fenómeno a explicar. Nos compromete y nos angustia ¿Soy Feliz? ¿Y
cómo voy a saberlo? Es feliz el que padece, el que piensa y el que
ama. Porque vive y porque siente. Pues si es así, soy feliz y no lo
soy, y no lo seré o no lo fui ¿Y cómo voy a saberlo?
Creo que debo serlo, puesto que percibo
la amistad, y el amor filial, y el otro. Y sufro, pero no siempre.
Cuando me dejas indefenso ante el mundo. Sin ti. Sin ellos. En
soledad.
lunes, 7 de abril de 2014
La Utopía De Vivir
La felicidad! No existe palabra que se iguale. Salud y suerte, emoción y gozo,
vivir y amar. Se ubica en el arcoiris, en lontananza, en Finisterre, en Eldorado,
en Xanadú. Tan próxima y tan lejana. Es viaje sin fin y sin retorno; es trayecto,
no destino. Pero la ansiamos.
Nada hay tan distinto y tan cercano. Está en marzo florido y en otoño caduco. En la sabiduría del anciano y en la estridente risa del niño. En nosotros, incluso en el peor de los momentos, cuando nos sentimos amados. Porque no entendemos, porque no somos dignos. Ni de felicidad ni de vida. Y seguimos.
Nada hay tan distinto y tan cercano. Está en marzo florido y en otoño caduco. En la sabiduría del anciano y en la estridente risa del niño. En nosotros, incluso en el peor de los momentos, cuando nos sentimos amados. Porque no entendemos, porque no somos dignos. Ni de felicidad ni de vida. Y seguimos.
domingo, 9 de marzo de 2014
El Vagón Restaurante
Una de las cosas que nos ha ido enseñando esta maldita crisis, es que ya no puedes fiarte ni de aquellas personas o instituciones públicas y privadas que hasta entonces suponían una referencia inmutable en el devenir de los tiempos.
A Repsol le ha hecho una importante avería en su cuenta de resultados una gobernante ignorante y mediocre, cuyo único mérito es haberse casado con un ex-presidente, igual de incompetente e inútil. El Corte Inglés baja el volumen de ventas y necesita deshacerse de la división financiera. Las Agencias de Rating están siendo completamente manipuladas por los grandes especuladores mundiales. El Barça pierde con el Valladolid en liga. ¿Qué nos queda? Pues Mercadona, Zara, Nadal y pare vd. de contar. Yo contaba con la RENFE y sobre todo con el AVE. Hasta ayer.
Tras un mini fin de semana en Marbella, que quede claro que en misión oficial, nada de sol, playa y pescaito, sino mucho curro, cena en McDonald y muchas visitas a Leroy Merlin, conseguí cuadrar la agenda de bricolaje y ocupaciones varias para volver a casa en el AVE de las 17:00h., o mejor dicho, con el que debiera haber salido a las 17:00 h.
Por una vez había conseguido entregar el coche de alquiler, pasar el control, y llegar a mi asiento con un amplio margen de tiempo, casi 3 minutos. En otras ocasiones voy justo de tiempo. Y me hallaba solazándome con mi extraordinaria oportunidad y dotes de planificación cuando observé que a las 17:02 seguíamos en la estación y no se habían cerrado las puertas. Mira que si llegamos unos minutos tarde y estos chicos de RENFE me convidan a AVE. Nunca me había ocurrido, pero todo puede pasar.
En cualquier caso, y dado que no había podido comer, me dirigí al Vagón Restaurante para tomar algo y leer el periódico. Llevaba unos minutos cuando empecé a escuchar algo al respecto de un incendio en las vías del tren y no se que de un traslado en autobus a viajeros de algún AVE anterior. Yo pensé que serían relatos antiguos o en cualquier caso ajenos a nuestro viaje, y me concentré en el sandwich y EL Mundo, por este orden.
Llevábamos un rato cuando me percaté que seguíamos parados y seguían las puertas abiertas. Salí al andén a ver qué pasaba y el personal de RENFE me explicó lo del incendio en las vías. ¿Cuando creen que podremos salir? No lo sabemos, solo tenemos esa información.
Decidí volver a mi asiento, donde mi vecino de plaza se encontraba completamente concentrado en su iphone, y los vecinos de la derecha, pareja andaluza con niña, estaban algo más agitados, tanto por la niña como por la incertidumbre de la partida. Varios asientos más atrás, un grupo de chicos y chicas de 25-30 años comentaban en voz alta pero respetuosa los avatares de algún tipo de actuación que habían llevado a cabo los últimos días.
La chica de la pareja andaluza, comenzó a comentar en alto, dirigiéndose a todos sus vecinos de plaza, la situación de confusión a la que estábamos siendo sometidos, y muy a diferencia de lo que esperaba, lo hizo con el noble fin de establecer una conversación con aquellos/as pasajeros/as de su vagón, que la siguieran en los comentarios en alto.
Yo me limité a explicar lo que me habían contado, pero ella siguió buscando (y encontrando) conversación entre el resto de los pasajeros. Al fondo del vagón, los chavales comenzaban a elevar el volumen de los comentarios y a incrementar la densidad de risas y carcajadas por metro cuadrado de vagón.
En las interminables 2 horitas que estuvimos parados en la estación, hubo pasajeros que decidieron bajarse e irse a casa, bajarse e irse en avión o coche, o simplemente bajarse. Pero ninguno de ellos utilizó una palabra más alta que otra. Se levantaron del asiento, cogieron sus maletas y listo.
Los chavales hicieron lo propio, pero en dirección al vagón restaurante. Se levantaros, dejaron claro a la concurrencia cuál era su destino, y los que quedábamos allí seguimos en lo nuestro, aburrirnos. Se estableció una corriente informativa amateur, en la que uno comentaba las novedades que iba sabiendo de nuestro retraso (fundamentalmente que no había ninguna), y otros se dedicaban a cantar los minutos que quedaban para el final del partido del Barça, en el que iba perdiendo 1-0;
A los pocos minutos, la mujer andaluza de la pareja andaluza, informó con riqueza tipográfica (a voz en grito), que los chavales habían montado una juerga en el vagón restaurante, lo que animó a una cuarentona rubia, su acompañante y 2 ó 3 chavales jóvenes a visitarlo.
Yo me acerqué a los pocos minutos, sin fortuna. No logré divisar la barra porque la tapaban un número considerable de viajeros. Volví a mi asiento, a seguir esperando noticias, bien de nuestra partida, bien de la derrota culé.
Un rato después, tras haber agotado mis recursos de entretenimiento, y sin ganas de empezar un libro nuevo de un policía danés o finés o abulense, que ni siquiera lo se, intenté de nuevo acudir al vagón restaurante, o vagón espectáculo, casi mejor dicho. No conseguí mejorar la aproximación anterior, y volví al asiento.
A los pocos minutos, un contundente y preciso mensaje nos informaba de las novedades: " Les informamos que saldremos a las 19:00 ma o meno", entiéndase con un cerrado acento malagueño. Pocos segundos después creo que intentó repetir el mismo mensaje en inglés, desconozco la traducción al inglés del adverbio de tiempo "ma o meno" ¿close to? ¿more or less? ¿about?
Afortunadamente, poco después anunció que el tren iba a lleva a cabo "maniobra de acople" y pedía a los señores viajeros que "suban o bajen del tren", lo cual consiguió definitivamente relajar el ambiente del vagón, y que hasta mi vecino de asiento dejara el iphone para soltar una carcajada que consiguió ser imitada por todos los que allí estábamos secuestrados por la maniobra "de acople" Eché de menos la versión en inglés, y de esa no voy a proponer traducción simultánea por razones obvias.
Una vez iniciada la partida, a las 19:00, ma o meno, intenté volver al vagón restaurante, completamente decidido a uutilizar las tácticas aprendidas en los campos de la Regional Madrileña, aunque no fue necesario. Conseguí pedir desde media distancia y recibir la comanda. Enganché un periódico y me abalancé hacia un trocito de barra desierto, tras colocar en la papelera un considerable número de latas de cruzcampo.
A mi espalda, el trovador improvisado, sentado en la barra del vagón restaurante, armado de guitarra española, tocando y cantando éxitos del pop español, con cierta variedad y buen gusto. No diría yo que ganase ningún premio, pero estoy convencido que no conocía el concepto miedo escénico, y mucho menos el "sentido del ridículo" a sus pies, en el sentido literal de la palabra, un heterogéneo auditorio compuesto por los amigos y amigas del trovador, 3 enfermeras, 1 médico, 4 ó 5 cuarentones armados de lo que parecía ser gin-tonic y un par de cuarentonas que insistían a los chavales más jóvenes para que las tutearan. Y seguramente lo harían.

Mi posición en la barra, justamente a la espalda del train-party, me permitía recibir los acordes musicales, las conversaciones de los del gin tonic y su ranking de las chavalitas presentes, y la impagable conversación entre una de las cuarentonas y un chavalito de unos 30, que sospecho no sabía donde se estaba "acoplando"
Yo me encontraba muy agusto, escuchando la música y tomando un refresco, hasta que la fiesta comenzó a degenerar. Comenzaron los brindis "graciosos", la exaltación de la amistad eterna, y todo se vino abajo al compás de una versión acústica de "Paquito El Chocolatero"
Reconozco que se me pasó por la cabeza contraatacar con Daryl Hall& John Oates, pero eran demasiados y opté por la retirada táctica. La cuarentona ya había obtenido el teléfono del treinañero y los del Gin Tonic no iniciaro
n maniobra de aproximación a las chavalitas, por lo que el espectáculo tocaba a su fin.
Reconozco que mi acusado sentido del ridículo impidió que me implicara un poco más en el festejo, pero no dejo de agradecerles tanto a ellos como a los funcionarios de RENFE y su particular versión del idioma de Cervantes (y el de Shakespeare), que me hicieran pasar un rato distendido en el seno de lo que podría haber sido un trayecto completamente insoportable. El tren tardó lo mismo, pero se me hizo más llevadero.
En vez de esas películas infumables que nos colocan en el AVE, deberían plantearse hacer un pasacalles improvisado como el de ayer. Alguno repetiría.
A Repsol le ha hecho una importante avería en su cuenta de resultados una gobernante ignorante y mediocre, cuyo único mérito es haberse casado con un ex-presidente, igual de incompetente e inútil. El Corte Inglés baja el volumen de ventas y necesita deshacerse de la división financiera. Las Agencias de Rating están siendo completamente manipuladas por los grandes especuladores mundiales. El Barça pierde con el Valladolid en liga. ¿Qué nos queda? Pues Mercadona, Zara, Nadal y pare vd. de contar. Yo contaba con la RENFE y sobre todo con el AVE. Hasta ayer.
Tras un mini fin de semana en Marbella, que quede claro que en misión oficial, nada de sol, playa y pescaito, sino mucho curro, cena en McDonald y muchas visitas a Leroy Merlin, conseguí cuadrar la agenda de bricolaje y ocupaciones varias para volver a casa en el AVE de las 17:00h., o mejor dicho, con el que debiera haber salido a las 17:00 h.
Por una vez había conseguido entregar el coche de alquiler, pasar el control, y llegar a mi asiento con un amplio margen de tiempo, casi 3 minutos. En otras ocasiones voy justo de tiempo. Y me hallaba solazándome con mi extraordinaria oportunidad y dotes de planificación cuando observé que a las 17:02 seguíamos en la estación y no se habían cerrado las puertas. Mira que si llegamos unos minutos tarde y estos chicos de RENFE me convidan a AVE. Nunca me había ocurrido, pero todo puede pasar.
En cualquier caso, y dado que no había podido comer, me dirigí al Vagón Restaurante para tomar algo y leer el periódico. Llevaba unos minutos cuando empecé a escuchar algo al respecto de un incendio en las vías del tren y no se que de un traslado en autobus a viajeros de algún AVE anterior. Yo pensé que serían relatos antiguos o en cualquier caso ajenos a nuestro viaje, y me concentré en el sandwich y EL Mundo, por este orden.
Llevábamos un rato cuando me percaté que seguíamos parados y seguían las puertas abiertas. Salí al andén a ver qué pasaba y el personal de RENFE me explicó lo del incendio en las vías. ¿Cuando creen que podremos salir? No lo sabemos, solo tenemos esa información.
Decidí volver a mi asiento, donde mi vecino de plaza se encontraba completamente concentrado en su iphone, y los vecinos de la derecha, pareja andaluza con niña, estaban algo más agitados, tanto por la niña como por la incertidumbre de la partida. Varios asientos más atrás, un grupo de chicos y chicas de 25-30 años comentaban en voz alta pero respetuosa los avatares de algún tipo de actuación que habían llevado a cabo los últimos días.
La chica de la pareja andaluza, comenzó a comentar en alto, dirigiéndose a todos sus vecinos de plaza, la situación de confusión a la que estábamos siendo sometidos, y muy a diferencia de lo que esperaba, lo hizo con el noble fin de establecer una conversación con aquellos/as pasajeros/as de su vagón, que la siguieran en los comentarios en alto.
Yo me limité a explicar lo que me habían contado, pero ella siguió buscando (y encontrando) conversación entre el resto de los pasajeros. Al fondo del vagón, los chavales comenzaban a elevar el volumen de los comentarios y a incrementar la densidad de risas y carcajadas por metro cuadrado de vagón.
En las interminables 2 horitas que estuvimos parados en la estación, hubo pasajeros que decidieron bajarse e irse a casa, bajarse e irse en avión o coche, o simplemente bajarse. Pero ninguno de ellos utilizó una palabra más alta que otra. Se levantaron del asiento, cogieron sus maletas y listo.
Los chavales hicieron lo propio, pero en dirección al vagón restaurante. Se levantaros, dejaron claro a la concurrencia cuál era su destino, y los que quedábamos allí seguimos en lo nuestro, aburrirnos. Se estableció una corriente informativa amateur, en la que uno comentaba las novedades que iba sabiendo de nuestro retraso (fundamentalmente que no había ninguna), y otros se dedicaban a cantar los minutos que quedaban para el final del partido del Barça, en el que iba perdiendo 1-0;
A los pocos minutos, la mujer andaluza de la pareja andaluza, informó con riqueza tipográfica (a voz en grito), que los chavales habían montado una juerga en el vagón restaurante, lo que animó a una cuarentona rubia, su acompañante y 2 ó 3 chavales jóvenes a visitarlo.
Yo me acerqué a los pocos minutos, sin fortuna. No logré divisar la barra porque la tapaban un número considerable de viajeros. Volví a mi asiento, a seguir esperando noticias, bien de nuestra partida, bien de la derrota culé.
Un rato después, tras haber agotado mis recursos de entretenimiento, y sin ganas de empezar un libro nuevo de un policía danés o finés o abulense, que ni siquiera lo se, intenté de nuevo acudir al vagón restaurante, o vagón espectáculo, casi mejor dicho. No conseguí mejorar la aproximación anterior, y volví al asiento.
A los pocos minutos, un contundente y preciso mensaje nos informaba de las novedades: " Les informamos que saldremos a las 19:00 ma o meno", entiéndase con un cerrado acento malagueño. Pocos segundos después creo que intentó repetir el mismo mensaje en inglés, desconozco la traducción al inglés del adverbio de tiempo "ma o meno" ¿close to? ¿more or less? ¿about?
Afortunadamente, poco después anunció que el tren iba a lleva a cabo "maniobra de acople" y pedía a los señores viajeros que "suban o bajen del tren", lo cual consiguió definitivamente relajar el ambiente del vagón, y que hasta mi vecino de asiento dejara el iphone para soltar una carcajada que consiguió ser imitada por todos los que allí estábamos secuestrados por la maniobra "de acople" Eché de menos la versión en inglés, y de esa no voy a proponer traducción simultánea por razones obvias.
Una vez iniciada la partida, a las 19:00, ma o meno, intenté volver al vagón restaurante, completamente decidido a uutilizar las tácticas aprendidas en los campos de la Regional Madrileña, aunque no fue necesario. Conseguí pedir desde media distancia y recibir la comanda. Enganché un periódico y me abalancé hacia un trocito de barra desierto, tras colocar en la papelera un considerable número de latas de cruzcampo.
A mi espalda, el trovador improvisado, sentado en la barra del vagón restaurante, armado de guitarra española, tocando y cantando éxitos del pop español, con cierta variedad y buen gusto. No diría yo que ganase ningún premio, pero estoy convencido que no conocía el concepto miedo escénico, y mucho menos el "sentido del ridículo" a sus pies, en el sentido literal de la palabra, un heterogéneo auditorio compuesto por los amigos y amigas del trovador, 3 enfermeras, 1 médico, 4 ó 5 cuarentones armados de lo que parecía ser gin-tonic y un par de cuarentonas que insistían a los chavales más jóvenes para que las tutearan. Y seguramente lo harían.

Mi posición en la barra, justamente a la espalda del train-party, me permitía recibir los acordes musicales, las conversaciones de los del gin tonic y su ranking de las chavalitas presentes, y la impagable conversación entre una de las cuarentonas y un chavalito de unos 30, que sospecho no sabía donde se estaba "acoplando"
Yo me encontraba muy agusto, escuchando la música y tomando un refresco, hasta que la fiesta comenzó a degenerar. Comenzaron los brindis "graciosos", la exaltación de la amistad eterna, y todo se vino abajo al compás de una versión acústica de "Paquito El Chocolatero"
Reconozco que se me pasó por la cabeza contraatacar con Daryl Hall& John Oates, pero eran demasiados y opté por la retirada táctica. La cuarentona ya había obtenido el teléfono del treinañero y los del Gin Tonic no iniciaro
n maniobra de aproximación a las chavalitas, por lo que el espectáculo tocaba a su fin.
Reconozco que mi acusado sentido del ridículo impidió que me implicara un poco más en el festejo, pero no dejo de agradecerles tanto a ellos como a los funcionarios de RENFE y su particular versión del idioma de Cervantes (y el de Shakespeare), que me hicieran pasar un rato distendido en el seno de lo que podría haber sido un trayecto completamente insoportable. El tren tardó lo mismo, pero se me hizo más llevadero.
En vez de esas películas infumables que nos colocan en el AVE, deberían plantearse hacer un pasacalles improvisado como el de ayer. Alguno repetiría.
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